Escudo de la República de Colombia

Con tecnología mitigan impacto ambiental de la porcicultura

Para proteger los cuerpos de agua de la región y evitar afectaciones en la salud, 73 productores de carne de cerdo apropian conocimientos sobre la generación de abono y energía a partir de las excretas pecuarias, entre otras prácticas.

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El trabajo se realiza en los corregimientos de Monterrey, del municipio de Buga; Barrancas, de Palmira, y Santa Rosa de Tapias, de Guacarí, donde las pruebas de calidad del agua muestran altos niveles de contaminación en algunas acequias de Barrancas, que pasan junto a colegios rurales y áreas densamente pobladas.

“Esto puede representar un riesgo de enfermedades para quienes estén en contacto con el agua, y al mismo tiempo un desperdicio de materiales con potencial fertilizante y energético”, advierte el estudiante Manuel Felipe Ochoa Rodríguez, de la Maestría en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira.

El estudiante, quien desarrolla la capacitación como parte de su tesis de grado, señala que además “la comunidad en Santa Rosa de Tapias nos manifestó su preocupación por la contaminación en la quebrada La Cecilia y el río Tapias”.

El año pasado en Santa Rosa de Tapias se constuyó una cerca para aislar un kilómetro de zona ribereña y evitar la entrada de ganado al agua; también se instalaron 13 biodigestores en igual número de fincas para producir abono y energía a partir de los excrementos de los cerdos.

Todos los días las aguas de lavado de las cocheras se conducen a reactores anaeróbicos de bajo costo en los que surten un proceso de fermentación para producir gas metano. El líquido sobrante es un abono rico en minerales muy útil como fertirriego para cultivos como café, pastos y frutales. Algunos productores han optado por enriquecer el efluente con otros abonos líquidos como nitrocón (orina de conejos fermentada) y microorganismos eficientes, los cuales disminuyen aún más los olores ofensivos, con lo que se evitan conflictos entre vecinos.

Así mismo, el proceso en el biodigestor elimina el 80 % de la carga contaminante de los residuos y los deja 100 % óptimos para ser reutilizados como fertirriego. Con los biodigestores se pueden llegar a reducir hasta en un 80 % los costos de fertilización de un cultivo como el café, destaca el experto, quien indica que dicho proceso fue socializado con la comunidad.

Construyendo confianza

En la primera fase del proceso, que empezó en 2015, en Santa Rosa de Tapias se realizó un acercamiento a la familia Rodas Martínez, propietaria de la Granja Agroecológica el Mirador. Allí, el investigador y la profesora Patricia Sarria, de la U.N. Sede Palmira y directora del trabajo, establecieron los primeros contactos con la comunidad y conocieron prácticas de agricultura sostenibles aplicables en la zona.

Así, empezaron a generar confianza con la población y con la organización Aspraec, con la que se adelantan procesos de apropiación social del conocimiento, diálogo de saberes y generación de alternativas de solución con la comunidad.

“Trabajamos con 38 productores de Santa Rosa de Tapias, 20 de Barrancas y 15 de Monterrey. Además vinculamos a las alcaldías de Buga, Palmira y Guacarí, a la Gobernación del Valle del Cauca y a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca”, cuenta el investigador sobre el proceso, que se realiza como proyecto de extensión de la U.N. Sede Palmira. 

El trabajo, que ya lleva alrededor de nueve meses, ha incluido la formación en labores de lombricultura, en transformar el estiércol en compost, y en la planeación de dietas alternativas para los cerdos, que permitan reducir la dependencia a concentrados costosos.

“Con recursos vegetales locales como la soya, el maíz, la cachaza (residuo de la producción de caña), el bore y el nacedero, entre otros, los campesinos pueden preparar los concentrados para sus animales. Se trata de un esquema que les otorga una mayor seguridad y soberanía alimentaria”, explica el investigador.

Con los productores se realizaron además giras a granjas agroecológicas, con las que se busca interiorizar prácticas sostenibles en la interacción campesino-campesino. “También trabajamos en un contexto de intercambio de saberes entre lo académico y lo tradicional. No se trata de un experto indicando soluciones, sino de un aprendizaje mutuo que permite la generación participativa de respuestas a los problemas ambientales de la pequeña agricultura”, declara.

El proyecto se adelantó desde el Grupo de Investigación en Agroecología de la U.N. Sede Palmira.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

Visto 137 veces Modificado por última vez en Miércoles, 21 Noviembre 2018 16:56