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Viernes, 29 Marzo 2019 03:29

Protocolo detecta en el aula retrasos en el desarrollo de los niños

Con esta valoración se busca brindarles a los padres de familia herramientas para exigir diagnósticos médicos y atención especializada de parte del sistema de salud.

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Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida realizada por el DANE, en 2012 había 48.208 niños menores de cinco años con alguna situación de discapacidad, lo que representaba el 1,2 %, es decir 12 de cada 1.000 niños.

Arelis Sánchez Trejos, candidata a magíster en Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, señala que “un médico pasa unos cuantos minutos con un niño durante la consulta, mientras los educadores pasamos numerosas horas al día. Muchas veces los médicos de consulta general no alcanzan a identificar los retrasos en el desarrollo, por lo que nosotros podemos apoyar esa labor como un primer filtro”. 

Como trabajo de maestría, la licenciada en Literatura formuló un protocolo para detectar previamente los retrasos en el desarrollo de niños de primero de primaria, entre los cinco y los siete años de edad.

Al respecto explica que “primero se creó un comité de inclusión con profesores de la Institución Educativa Inmaculada Concepción, del municipio de Candelaria, Valle, cuyas funciones fueron identificar a los niños que podrían presentar algún tipo de retraso, y a partir de ello realizar un test para detectarlo”.

El test consta de cuatro áreas: motricidad gruesa; motricidad fino-adaptativa; audición y lenguaje; y personal social. Así mismo, en el protocolo se dan instrucciones para quien aplica la prueba y para el cuidador de los niños.

Sin presión sobre los niños

Para cada uno de los componentes se realizan tres o cuatro pruebas con imágenes, sonidos, dibujos, fichas, bloques ensartables, crayones y tijeras. Los materiales, tamaños y precauciones con las que deben cumplir estos objetos también se definen en el paso a paso formulado, que propone estas herramientas por estar al alcance de la mayoría de los colegios.

A diferencia de ciertas pruebas de ingreso que se aplican en instituciones educativas, en las del protocolo, más que seleccionar, se busca identificar. Así, el test transcurre en medio del juego, sin que el niño tenga presión por algún resultado.

A partir de la observación del desempeño en las pruebas-juego se estipula la manera de llegar a unos puntajes y valoraciones que definen qué tanto se requiere de la revisión de un especialista para el diagnóstico médico, y a cuál de ellos deberían ser remitidos los menores.

“En ocasiones los médicos generales descartan rápidamente cualquier tipo de dificultad escolar y por ello los niños no son atendidos. Con la valoración previa queremos empoderar a los padres de familia para que tengan mayores fundamentos al exigir al sistema de salud diagnósticos y tratamiento especializados”, asegura la licenciada.

A partir del diagnóstico médico se pueden tomar medidas para favorecer la adaptación y el desarrollo del potencial de los niños. En algunos casos, cuando el diagnóstico lo estipula, se debe pasar a los niños al grado anterior al que corresponde según su rango de edad. En otros casos se debe flexibilizar el programa curricular para el menor, atendiendo sus necesidades específicas de desarrollo.

Un balance de la institución

Durante la primera fase de la investigación, la licenciada aplicó encuestas en la comunidad de la Institución Educativa Inmaculada Concepción Villagorgona, en el municipio de Candelaria, para establecer un perfil de actitudes en torno a la inclusión educativa: 36 cuestionarios estaban dirigidos a profesores, 55 a padres de familia y 11 a directivos.

Los profesores manifestaron la necesidad de recibir capacitación en temas de normatividad, adaptaciones curriculares e identificación y apoyo en casos de niños con algún tipo de retraso en su desarrollo, o discapacidad.

Por su parte, los padres de familia manifestaron que requieren asesoría profesional para abordar el tema en los hogares, y señalaron un distanciamiento entre el sistema de salud y las necesidades de los niños con trastornos o discapacidades.

Para elaborar el test se tomaron los planteamientos de la Escala abreviada de desarrollo –de la Universidad Javeriana y el Ministerio de Educación Nacional– y se adaptaron para las edades de entre cinco y siete años, trabajo que dirigió el profesor Óscar Yovanny Checa, de la U.N. Sede Palmira. El proceso se complementó con los aportes de textos como “Actitudes docentes ante la inclusión de niños preescolares con necesidades educativas especiales en escuelas regulares”, de Octavio González, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

En el proceso se incorporaron las observaciones hechas en actividades lúdicas realizadas con estudiantes de grado primero para el reconocimiento de las diferencias, la visibilización de las dificultades por la falta de aceptación en entornos escolares y la promoción de la solidaridad.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

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