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Constancia y pasión: la fórmula del éxito de egresado de la UNAL Palmira

A Andrés Mauricio Posso Terranova lo define la constancia. A sus 40 años, este palmirano egresado de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Palmira (UNAL Palmira) ha recorrido un camino académico excepcional. Entre sus logros se destaca haber logrado describir tres nuevas especies de ranas arlequín venenosas en Colombia y ser merecedor de una nominación al premio de ‘Excelencia a la enseñanza’ en la Universidad de Saskatchewan (USask).

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Posso-Terranova cursó su doctorado en la USask, en Saskatoon, Canadá, y su investigación estuvo enfocada en la diversificación ecológica, fenotípica y genéticas de ranas venenosas del género Oophaga, que se encuentran en el Chocó colombiano, y por las que se interesó al conocer que su población estaba en riesgo. “Quise estudiarlas y terminé dedicando cinco años a conocer el país, la situación real en el campo colombiano y terminamos describiendo tres nuevas especies de ranas venenosas en Colombia”, explicó el investigador.

Estudiar estas ranas es un reto pues viven en zonas de difícil acceso que, además, son zonas de conflicto, por lo que han sido marginadas en el país. Esto ha llevado a que exista muy poca información sobre ellas, siendo de 1976 el último trabajo detallado en que se describía y se clasificaba el grupo de anfibios como una sola especie, la Oophaga.

El investigador mencionó que encontrar estas poblaciones en campo fue difícil y que una vez allá identificaron que la clasificación que había de estas era errada. “Con este trabajo demostramos a la comunidad científica que de este grupo de ranas había al menos cinco grupos más. De estos, nosotros nombramos y describimos tres nuevas especies”, agregó.

El estudio se realizó en parte del Chocó biogeográfico, comprendiendo los departamentos de Chocó y Valle del Cauca. La primera especie, ubicada en Bahía Solano (Chocó), se llama Oophaga solanensis; la segunda, ubicada en el Valle del Cauca, cerca de Anchicayá, recibió el nombre de Oophaga anchicayensis. Finalmente, hacia la zona central de Chocó, entre Tadó y Tutunendo, los investigadores encontraron y describieron la especie Oophaga andresi, que recibe su nombre del biólogo Andrés Posso.

El siguiente paso en el estudio fue establecer el nivel de riesgo de estas especies, pues en la clasificación existente de la IUCN (International Union for Conservation of Nature) se reporta que estas ranas arlequín no están en ningún riesgo. Posso y demás investigadores proponen una nueva clasificación, en donde reportan que algunas de estas especies están en peligro crítico de extinción.

No existe una medida que propenda por la conservación de estos anfibios. Su principal amenaza es el tráfico ilegal de especies, pues resultan encantadoras para coleccionistas extranjeros por sus colores llamativos, por lo que son extraídas de su hábitat natural para ser llevadas, en su mayoría, al continente europeo.

Andrés menciona que hay otras situaciones que también ponen en riesgo a estos animales: la tala de árboles para extraer madera, y liberar los terrenos para ganadería, monocultivos y cultivos ilícitos, destruye el hábitat de estas y otras especies. Además, la contaminación generada por aplicación de productos agroquímicos que resultan tóxicos para estas ranitas, hacen que la población siga desapareciendo.

“Seguimos trabajando porque hay mucho por entender, tanto desde el punto de vista de la conservación, como de la genética, de la que poco se conoce. Desde nuestro trabajo proveemos evidencia que permita demostrar que hay algunas de estas especies que están en un peligro crítico. Esta información no la conocíamos en el país”, dice el experto.

Las claves son la dedicación y constancia

Estos logros académicos son fruto, además de la dedicación y la constancia, de la pasión de Andrés por la biología y la genética. Su camino en la investigación inició desde muy joven, cuando era estudiante de Ingeniería Ambiental en la UNAL Palmira, en donde además fue estudiante auxiliar en la Biblioteca. Este es, según él, un episodio fundamental en su historia, pues mientras se encargaba del préstamo de los libros, empezó su interés por la biología y la genética, temas sobre los que aprendió leyendo en sus espacios disponibles.

Andrés fue laboratorista de genética y participó en la creación del laboratorio de Biología Molecular de la UNAL Palmira, “fueron mis primeros pasos académicos, yo le ayudaba a los profesores Luz Ángela Álvarez y Jaime Eduardo Muñoz haciendo informes, cálculos y me entrenaba para poder tener este laboratorio”, contó. Entre sus lecturas y el laboratorio, Andrés descubrió que su verdadera pasión era la biología, por lo que continuó trabajando en la UNAL Palmira e hizo su pregrado en biología en la Universidad del Valle.

Después, cursó sus estudios de maestría en Ciencias Agrarias, en la línea de investigación Fitomejoramiento, en la que trabajó con guadua. Durante su maestría viajó seis meses a Japón para hacer un curso de biotecnología, “cuando regresé a Colombia tuve la certeza de que si quería continuar mi formación académica debía salir del país”, dijo.

En cuanto se graduó de su maestría, este valluno partió a Canadá a estudiar su doctorado con una beca de la USask, que consistía en dictar clases para el departamento de biología y a cambio le pagaban un salario para sostenerse en el país. Al terminar su doctorado en el año 2016, Andrés hizo un posdoctorado en el Global Institute for Food Security y posteriormente se vinculó al departamento de biología de la USask, en donde dicta un curso genética general a un grupo de 250 a 280 estudiantes por semestre.

“Siempre trato de poner ejemplos prácticos en mi clase, para que los estudiantes entiendan cómo los conceptos de genética que obtienen en el aula pueden ser aplicados en la vida, en la investigación, por ejemplo en la conservación de especies. Una clase de genética puede ser aburridora, pero uno trata de inculcar la semillita de la investigación y así va motivando, les hablo de las cosas que hago”, comenta con emoción Andrés.

Y fueron sus estudiantes quienes lo nominaron al Premio de Excelencia a la Enseñanza, de la USask. Frente a esto, Andrés se siente feliz, pues independientemente de ganar o no, esta nominación es una muestra de que sus estudiantes se interesan en su trabajo y reconocen que la metodología de enseñanza les gusta y les aporta en su vida académica.

Pero este no es el único reconocimiento que ha recibido. Andrés cuenta que cuando descubrieron las nuevas especies de ranas arlequín trataron de divulgarlo, contactando medios locales y regionales, pues son especies colombianas, pero no hubo mucho interés por parte de la prensa colombiana, sin embargo, en Canadá las cosas fueron diferentes. “Aquí les interesó mucho que una personas estuviera haciendo investigación desde tan lejos y fuera capaz de describir nuevas especies de un país tan diverso como Colombia, marcado además por el conflicto”, explica.

La información llegó a la prensa, que no dudó en contactar a Andrés para varias entrevistas. Fue entonces cuando de una de las estaciones de radio y televisión canadiense llamaron a este investigador y le hicieron un reconocimiento público por su trabajo, del que querían saber más detalles.

“Es increíble porque para mí, la UNAL Palmira es mi base académica, yo soy Universidad Nacional. Empecé ahí, bajo la influencia de mis profesores que me sembraron estas ganas de investigar y hacer cosas interesantes y aquí estoy ahora”, dice orgulloso egresado. Su paso por la UNAL Palmira duró 14 años, en los que conoció la Institución como estudiante, docente, laboratorista e investigador. Actualmente, este egresado hace parte del grupo de Investigación en Diversidad Biológica de la UNAL Palmira.

Agradecimiento es el sentimiento que más expresa Andrés hacia la Universidad Nacional de Colombia – Sede Palmira, a la que le gustaría regresar y contribuir con los conocimientos que ha adquirido en todos los años que lleva fuera del país, además manifiesta que si no hubiese sido por la universidad pública, muchos de sus logros no habrían sido posibles.

Hacer ciencia no es un sueño imposible, “provengo de un barrio humilde de Palmira, y decidí un día, por pasión, conocer un poco más de la biología y estudiarla. Cuando uno es apasionado y disfruta lo que hace, uno no está lejos. Uno jamás puede dejar de soñar, de pensar hacia el futuro, las cosas son posibles, hay que ser constantes, ir haciendo siempre y poco más, y no dejarse vencer. Así se avanza”, finaliza el ilustre egresado.

Escrito por: Thalia Yumbla Ruíz

 

Visto 1514 veces Modificado por última vez en Martes, 05 May 2020 00:04