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Diversidad vegetal es más resiliente a eventos climáticos extremos

Fincas de inventarios florísticos amplios en Guacarí (Valle del Cauca) tuvieron una mejor respuesta ante granizadas y sequías que aquellas que producen en esquemas de monocultivo.

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Durante los intensos días de sequía del fenómeno de El Niño y las fuertes granizadas posteriores, en la finca agroecológica El Vergel (corregimiento de Santa Rosa de Tapias), donde se identificaron hasta 53 especies vegetales diferentes, se mantuvieron rangos estables de temperatura y humedad relativa, como condiciones propias de su microclima. 

“Allí podemos observar estratos (capas de vegetación en un agroecosistema) que van desde nogales cafeteros de sombra, pasando por árboles más pequeños hasta arbustos, pasturas y demás. El hielo que ha llegado a caer se atomizó entre un estrato y otro, lo cual salvaguardó los cultivos”, cuenta Carlos Eduardo Madriñán Palomino, candidato a doctor en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira. 

Según precisa el investigador, en esta y otras fincas cercanas existen 14 familias diferentes de vegetación que cumplen ocho funciones complementarias y relevantes para la sostenibilidad de la producción: generación de alimentos para animales, hospedaje de insectos benéficos para el control de plagas, cobertura para protección del suelo, fijación de nitrógeno, regulación del ciclo hídrico, aporte de materia orgánica a los cultivos, sombra y producción de frutos. 

En contraste, otras fincas de la zona sufrieron grandes pérdidas en producción, debidas a las condiciones extremas de lluvias y sequías que se han presentado y que se pueden seguir dando, en parte como expresión del cambio climático. 

Monocultivos, más vulnerables 

El doctorante comenta que la Federación Nacional de Cafeteros les ha entregado a varios agricultores de la región semillas de variedades para cultivar a libre exposición del sol. Aunque este café arroja grandes rendimientos y mejora la calidad, muchos de ellos decidieron prescindir completamente de árboles de sombra y otras plantas de acompañamiento, para adoptar el modelo del monocultivo. 

“Esto provocó que su producción fuera más vulnerable ante condiciones ambientales, y además dependiente de productos de síntesis química para fertilizar y controlar tanto plagas como ‘malezas’. Por ello, y por inconvenientes como la erosión, algunos terminaron buscando alternativas desde la agroecología”, recuerda. 

Este esfuerzo, adelantado por la Asociación de Productores Agropecuarios Agroecológicos de Santa Rosa de Tapias, llegó a oídos de los investigadores de la U.N. Sede Palmira, quienes decidieron emprender allí un proyecto para estudiar la funcionalidad de las especies vegetales en los agroecosistemas, entre otros temas. 

“Aunque las asteráceas, poáceas, lamiáceas y otras arvenses suelen recibir el calificativo de ‘malezas’, aportan a la fertilidad, a mantener el microclima y son hospederos de insectos que son depredadores naturales de plagas”, explica. Por otro lado, las musáceas (familia de los bananos y plátanos) producen seudotallos funcionales para abonar el suelo, y pueden ser una fuente vital de alimento para animales y campesinos cuando sea necesario sobrellevar factores externos como la caída de los precios del café. 

Durante la investigación se tomó una muestra inicial de 15 fincas del corregimiento, de las que se escogieron seis, una que funcionaba bajo un esquema de producción convencional, dos que estaban en tránsito hacia la agroecología y tres que ya habían llegado en gran medida a este esquema.  

“Hicimos el inventario florístico, evaluamos las interacciones entre las plantas y observamos la redundacia funcional tanto de unas especies como de las otras. Así llegamos al índice de diversidad agroecológica”, explica el candidato a doctor.

Mientras El Vergel obtuvo un puntaje de 2,1 sobre 3 en el índice, una de las fincas que aún se encontraba en tránsito fue calificada con un 1,3, debido a que aún se aplicaban agroquímicos. 

“En el inventario trabajamos en compañía de los mismos agricultores, quienes con su conocimiento empírico nos ayudaban a identificar las diferentes plantas; luego confirmábamos sus nombres científicos y estudiábamos la manera como su morfología, sus formas, aportaban al cumplimiento de las funciones”, explica el investigador. 

A partir del estudio se plantea generar información útil para el aprendizaje y desarrollo de la comunidad en el corregimiento, además de rediseñar las fincas en el tránsito hacia la agroecología. La investigación fue dirigida por la profesora Marina Sánchez de Prager, de la U.N. Sede Palmira.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

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