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En riesgo sabiduría indígena de Toribío para cría de animales

La producción de trucha arcoíris, la actividad pecuaria más rentable que adelantan productores campesinos e indígenas en los resguardos de Toribío, Tacueyó y San Francisco, de este municipio del Cauca, depende en un 100 % de concentrados comerciales.

Además de este caso, en la cría de aves y cerdos, junto con la producción bovina de doble propósito –leche y carne- que se constituyen en los tres agroecosistemas de la zona, la alimentación obtenida localmente y la medicina tradicional para tratar los animales han sido relegadas.

Así lo advierte Pamela Corín Duque Galeano, estudiante de doctorado de Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien sostiene que tales prácticas no sostenibles representan un distanciamiento con respecto al conocimiento, cosmovisión (creencias) y costumbres ancestrales indígenas.

En la actualidad, las excretas de las truchas y las generadas por especies menores menores - aves y cerdos - son vertidas a fuentes hídricas cercanas sin pasar por filtros.

Según explica la investigadora, las tierras aptas para realizar labores agropecuarias solo equivalen al 13 % de las 49.143 hectáreas del municipio de Toribío; los predios presentan mucha pendiente, baja fertilidad y un tamaño promedio inferior a cinco hectáreas.

“Estas condiciones han impulsado la expansión de la frontera ganadera bovina y la búsqueda de otras estrategias que generen mayores ingresos, como el cultivo de marihuana, que ha contribuido a la paulatina desaparición del huerto o tul nasa – sistema de producción tradicional para autoconsumo-”, asegura la zootecnista.

Durante el estudio encontró que el 41 % de los productores utilizan algún fertilizante químico en sus fincas, aunque cerca de dos de cada cinco emplean solo el estiércol de sus animales como abono orgánico para sus cultivos. Igualmente, no se utilizan fuentes alternativas de alimentación para los peces, como plantas o residuos de la cosecha de las fincas.

“En las entrevistas, muchos de ellos no identificaban las prácticas de producción animal heredadas de sus antepasados”, sostiene la doctoranda.

Por otro lado, pese a que se podían observar en las fincas gallinas criollas criadas para el autoconsumo, las líneas para la venta eran principalmente las comerciales. Para la zootecnista, este asunto es relevante, teniendo en cuenta que las comunidades indígenas han realizado históricamente un aporte esencial en la preservación de la diversidad genética avícola.

Zonas para conservación

Pese a estos indicadores, aún existen diferencias con respecto a la producción que realizan en la zona campesinos no pertenecientes a pueblos indígenas.

Mientras, en promedio, el 27 % de los predios de productores indígenas de bovinos es destinado a áreas de reserva forestal, en fincas campesinas esta cifra es cercana al 0%. “Hace parte de la cosmovisión indígena disponer de áreas de conservación, porque se busca equilibrio con el ambiente; esto es fundamental si tenemos en cuenta que el 42 % del territorio municipal posee áreas de reserva forestal, por las fuentes hídricas y la vegetación, entre otros recursos”, asegura la investigadora.

De hecho, agrega, algunas de las fincas evaluadas se encontraban en zonas de páramo, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar.

Faros agroecológicos

Para la investigación, se tuvo como punto de partida la base de datos de la Alcaldía de Toribío, en la que se registran 749 predios familiares tradicionales con animales de interés zootécnico – que aportan en materia de seguridad alimentaria o con excedentes económicos -, entre cabras, vacas, cerdos, aves, peces y ovejas.

De ese grupo, se tomó una muestra de 90 predios en donde se realizaron entrevistas semiestructuradas que abordaron las dimensiones cultural, económica, ambiental, productiva y social.

A partir de este ejercicio, se seleccionaron 25 fincas representativas para evaluar la sostenibilidad y vulnerabilidad teniendo en cuenta cuatro variables: calidad biofísica del predio, según el tipo de suelo y su profundidad, la tierra disponible y el nivel de pendiente; en segunda instancia, la intensidad de las prácticas de producción; en tercer lugar, el tipo de contratación de mano de obra y, finalmente, la diversidad animal y vegetal.

En el proceso se realizaron georreferenciaciones de los perímetros de todas las áreas de los predios y se analizaron los usos de la tierra: “del suelo evaluamos la textura, la pendiente y la capacidad de rompimiento. En cuanto a la calidad biofísica concluimos que los predios de mejor aptitud fueron los de producción bovina, aunque se estén obteniendo mejores resultados económicos en la cría de trucha, cerdos y aves”, explica sobre la investigación, dirigida por el profesor Jaime Eduardo Muñoz Flórez.

Para evitar la pérdida de prácticas tradicionales a nivel pecuario, la experta propone la conservación a través de la consolidación de fincas que sirvan de ‘faros’ de cosmovisión indígena o agroecológicos, en donde los productores puedan recordar sus saberes ancestrales. Además, afirma que es necesaria una mayor inversión en asistencia técnica agroecológica de parte de las autoridades.

Tomado de: Agencia de Noticias UN.

Visto 31 veces Modificado por última vez en Jueves, 27 Junio 2019 20:28