Escudo de la República de Colombia

Ciencia y saber campesino, unión vital para sostenibilidad agraria

El libro Aportes de la biología del suelo a la agroecología recoge más de 30 años de investigación sobre los fundamentos y prácticas indispensables para el equilibrio de los agroecosistemas. Es una de las novedades que presenta la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira en la Filbo 2019.

El excremento de los animales contiene carbono y nitrógeno en complejos moleculares, elementos que se deben degradar y simplificar para que puedan ser aprovechados por organismos vivos. Los ciclos de estos elementos están entrelazados junto con otros vitales como los del fósforo y el potasio; cuando se tala un árbol o se aplica un agroquímico al suelo se altera ese equilibrio temporal.

Con su libro, la doctora Marina Sánchez de Pragger, profesora titular de la U.N. Sede Palmira, visibiliza estas interacciones, es decir la manera como están conectados los ciclos vitales en el suelo, cómo unos afectan a los otros y cómo inciden en la salud agroecosistémica y planetaria.

“El suelo está vivo y en él existen construcciones evolutivas para mantenerse y autorregularse. Si lo manejamos y estimulamos adecuadamente, el suelo puede sostener los eco y agroecosistemas sin necesidad de que acudamos a fertilizantes de síntesis petroquímica o plaguicidas tóxicos”, afirma.

La obra se presentará este sábado 27 de abril a las 5 p. m. en el pabellón 3, segundo nivel, estand 102 de Corferias. En ella se exponen los principales hallazgos alcanzados durante la trayectoria científica de la investigadora, alrededor de la biología del suelo en el contexto de la agroecología, que es la ciencia que estudia los sistemas agrarios sostenibles.

Valorar el saber campesino

Según se relata en el libro, en el Congreso Mundial de la Alimentación de 1963 se trazaron políticas agrarias centradas en rendimientos y rentabilidad, instando a los países miembros a adoptar modelos de monocultivo dependientes de insumos químicos, característicos de la “Revolución Verde”.

Para la autora, este modelo ha contribuido a agudizar la erosión, la pérdida de carbono orgánico, el desequilibrio de nutrientes, la acidificación y la pérdida de la biodiversidad, entre otras amenazas que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se ciernen sobre los suelos del mundo.

Según la FAO, cada año se pierden entre 25.000 y 40.000 millones de toneladas de capa arable en los suelos por cuenta de procesos de erosión. “Son impactos que se pueden mitigar o agravar según el manejo que se les dé a los suelos”, afirma la doctora Sánchez.

Como una respuesta a estas problemáticas, su libro aporta argumentos científicos desde la agroecología que respaldan prácticas campesinas formuladas durante miles de años de aprendizajes obtenidos por ensayo y error, que han permitido que los sistemas agrarios resilientes, sanos y productivos permanezcan.

Dentro de esas prácticas ancestrales que reivindica su obra se encuentran la promoción de micorrizas (relación simbiótica entre ciertos hongos y las raíces de las plantas), la incorporación en los cultivos de leguminosas para fijar el nitrógeno atmosférico; y el complemento entre plantas que produzcan y se degraden en diferentes momentos y que contengan distintos metabolitos que faciliten la comunicación y la homeostasis.

“Es necesario establecer vínculos entre la ciencia y las comunidades. Debemos aportarle un valor agregado al saber científico al ponerlo al servicio de las personas, cerrar la brecha y acercarlo al campo. Así tendremos campesinos más preparados y ciudadanos dispuestos a defender los eco y agroecosistemas en momentos de crisis como los que vivimos actualmente”, asevera la autora.

En el libro se aborda la importancia de escalar las propuestas agroecológicas al ámbito político, de manera que se trascienda el nivel de finca y se avance desde lo local hacia lo regional y territorial. En ese proceso es fundamental la articulación y acción colectiva de movimientos ciudadanos con las formas de organización histórica de los jornaleros, campesinos e indígenas.

“Allí reside la dimensión política de la sustentabilidad. La implementación de nuevas propuestas y políticas públicas debe ir de la mano con procesos participativos y democráticos propios de la producción agraria y el desarrollo rural, además de sus redes de organización y representación. Así pasarán de ser letra escrita a compromisos y acciones reales de beneficio colectivo”, resalta la profesora.

Tomado de: Agencia de Noticias UN. 

Visto 48 veces