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Agroforestería, una respuesta al rescate del carbono en la Amazonia

Aunque en suelos del piedemonte amazónico colombiano aún se conserva gran parte del carbono almacenado por los bosques talados allí hace más de ochenta años, este se está liberando a la atmósfera como gas de efecto invernadero, con mayor potencia en los sistemas de pasturas para ganadería.

Al deforestar se destruye todo el andamiaje que existe para fijar el carbono y para otros servicios ecosistémicos. Las plantas dejan de recoger este elemento del aire a través de sus hojas y de llevarlo a las raíces. En el suelo, los microorganismos y la fauna edáfica, o del suelo –como las lombrices–, ven alterada su labor de “ingenieros”, que es procesar y fijar el carbono.

Así, el ecosistema del bosque es arrasado o queda fragmentado y aislado, con zonas más susceptibles a incendios y mayor posibilidad de que sus árboles mueran. Según cifras oficiales, casi 2 de cada 3 hectáreas de bosque deforestadas en el país durante 2017 fueron de la Amazonia, donde se duplicó la superficie afectada con respecto a 2016. A pesar de la deforestación histórica en la región, aún se podría mitigar el impacto en el cambio climático.

María del Pilar Hurtado Sánchez, candidata a doctora en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UN) Sede Palmira, afirma que “aunque se cree que del carbono que conservaron los antiguos bosques amazónicos ya no queda nada en esas zonas donde hoy existe ganadería, el 90 % del carbono almacenado en los suelos que estudiamos tiene como origen los bosques talados hace más de ochenta años”.

La investigadora estudió la liberación de carbono hacia la atmósfera y la afectación de los servicios ambientales que genera el cambio del bosque nativo, según tres sistemas de producción ganadera:

  • silvopastoril, que dispone de forrajes, arbustos y árboles solo en función de la alimentación del ganado;
  • praderas convencionales con pasturas; y
  • agroforestal, que complementa una buena variedad de árboles, arbustos frutales y pasturas.

A partir de los resultados, concluyó que un viraje hacia este último podría ser fundamental.

En fincas que funcionan con este esquema de producción encontró un promedio de 52,8 ton/ha de carbono entre la superficie y 30 cm de profundidad en el suelo, mientras que en lugares con pasturas para ganadería convencional esa cifra desciende a 46,1.

La importancia de la fertilidad

Según la profesora Dolors Armenteras, del Departamento de Biología de la UN Sede Bogotá, en el Amazonas tiene lugar el 15 % de la fotosíntesis del planeta, un proceso desarrollado por las plantas y esencial para el ciclo del carbono. Además sostiene que aunque existen otros factores determinantes para la deforestación –como la minería y la conversión de bosque en praderas, realizada por personas que especulan con el precio de la tierra–, es necesario frenar la expansión de la ganadería.

Al respecto precisa que los sistemas agroforestales son una opción positiva porque se tiene que balancear el desarrollo: “es preciso estudiar hasta cuántas hectáreas se podrían utilizar en un sistema u otro para optimizar el territorio. Aunque el desarrollo es necesario, también lo es conservación para proteger los servicios ecosistémicos que nos dan los suelos, el agua y el aire”.

En esa línea, la investigadora Hurtado señala la importancia de conservar la fertilidad en los suelos de las fincas para evitar que la frontera y la deforestación se sigan expandiendo. Por eso, para su trabajo desarrolló estudios fisicoquímicos que permitieron, entre otros resultados, hallar los niveles de fertilidad según el sistema de producción.

“Algunos productores talan el bosque, queman la madera y siembran los pastos de manera no sostenible. Cuando el suelo pierde fertilidad, abandonan el lugar y van a talar más bosque. Por ello proponemos sistemas diversos, en los que coexistan las pasturas y los árboles, teniendo en cuenta que en las fincas agroforestales de la región identificamos mayor fertilidad en el suelo”, destaca. Además subraya que los sistemas agroforestales permiten la supervivencia, movilidad y trabajo de los “ingenieros” del suelo, y además facilitan la disponibilidad de nutrientes para las plantas, entre otros beneficios.

Trabajando con los productores

El estudio fue dirigido por el doctor Patrick Lavelle y la doctora Elena Velásquez, profesora de la UN Sede Palmira, y financiado por la Agencia Nacional para la Investigación (institución francesa que promueve estudios científicos). Durante el proceso se tomaron muestras en 27 fincas de Caquetá –en los municipios de Belén de los Andaquíes, Florencia (en la vereda Balcanes) y Morelia–, nueve por cada tipo de sistema.

El material de cada finca se colectó en cinco puntos ubicados a 200 m uno del otro y a diferentes profundidades para obtener material representativo. En total se recogieron alrededor de 1.620 muestras de suelo.

El procesamiento de las muestras de suelo para análisis físico-químico se realizó en los laboratorios del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT). A partir de este proceso de caracterización se seleccionó un grupo de muestras representativas por las concentraciones de sus compuestos, el cual fue enviado a la Universidad de California (Estados Unidos) para el análisis isotópico, que establece el origen del carbono entre agroecosistemas como pasturas y bosques “ancestrales”.

La investigadora Hurtado describe que “con el proceso se pudo diferenciar entre el carbono estable que se encuentra en el suelo desde hace más de ochenta años y aquel de más fácil liberación que se fijó recientemente con las pasturas. Cuando se destruye el bosque se interrumpen engranajes, pero queda ese carbono que es más ‘fino’ y que fue depurado por microorganismos y fauna del suelo”.

Con los resultados se realizaron modelaciones a través del software Century Ecosystem Model; se recrearon diferentes escenarios del carbono almacenado en el suelo a cien años, según una serie de variables, y a partir de ello se establecieron recomendaciones que los productores podrían implementar para una mayor sostenibilidad ambiental y económica.

Además de implementar la agroforestería, se sugiere evitar la siembra usando maquinaria pesada para no destruir la estructura del suelo elaborada por los diferentes organismos que interactúan allí; y evitar el sobrepastoreo, con el objetivo de dar mayor descanso al suelo y que el peso de los animales no le genere compactación. También se propuso evaluar pasturas con mayor contenido de fibra, lo cual le permitirá al ganado generar menores emisiones de gas metano y mayor calidad en la carne.

Este estudio también brinda información útil para el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), de manera que se puedan realizar predicciones más precisas sobre el calentamiento global en la Amazonia.

La doctora Armenteras considera que estas investigaciones son importantes para mejorar los modelos de proyección de organizaciones como el IPCC y para tomar decisiones: “en el trópico tenemos menos muestreos de carbono. Usualmente las organizaciones extrapolan datos de lugares parecidos en los modelos, pero sabemos que hay mucha heterogeneidad en las condiciones del trópico. Una de las mayores incertidumbres existentes en el campo es la cantidad de carbono en el suelo y el impacto de los diferentes usos y ecosistemas en ese indicador”. 

Tomado de: UN Periódico Digital.

Visto 45 veces Modificado por última vez en Miércoles, 03 Julio 2019 15:28