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Miércoles, 26 Junio 2019 21:20

Trazan plan para mitigar impacto ambiental en Terminal de Cali

Jardines verticales y techos verdes que reduzcan la concentración de material particulado, además de otras medidas para reducir los riesgos por emisiones de gases de los buses y vapores expedidos por los restaurantes se plantean en el sistema de gestión ambiental.

Diego Fernando Hoyos, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien formuló este sistema como parte de sus estudios de maestría, advierte que en el interior del edificio del Terminal se acumulan partículas de diésel provenientes de los vehículos, lo cual requiere de especial atención para procurar el bienestar de los trabajadores, que pasan allí alrededor de ocho horas laborales cada día.

“Pese a que aún no se ha implementado el sistema, se avanzó en solicitarles a los conductores que reduzcan la velocidad y enciendan los vehículos solo cinco minutos antes de arrancar”, asegura el investigador.

Según dice, los vapores expedidos por las cocinas de los restaurantes del Terminal hacia el interior de la estructura han generado un microclima distinto a las condiciones reportadas en exteriores. Mientras afuera del edificio las mediciones mostraron una humedad promedio del 88 %, adentro ese valor alcanzó el 95 %. Por otro lado, la temperatura promedio dentro de las instalaciones fue 2 °C superior.

“Se requieren más extractores y ductos de recolección y expulsión de los vapores de las cocinas hacia el exterior del Terminal, pues se trata de una problemática que genera incomodidad para usuarios y trabajadores”, sostiene el experto.

Antes de formular el sistema de gestión ambiental, los niveles de ruido registrados en el Terminal superaban los permitidos por la normativa ambiental, en los cuatro puntos donde se realizaron mediciones. Si bien se concluyó que el tráfico que circula por las calles 30 y 26 –que rodean el Terminal– es la principal fuente de ruido, se estableció que el altavoz del bulevar de información estaba aumentando la contaminación auditiva. Ante esta dinámica, se ordenó bajar el volumen de los altavoces por debajo de los 60 decibeles, según los lineamientos establecidos por las autoridades.

A su vez, se identificó que el 30 % de los residuos sólidos generados en la operación del Terminal se podía reciclar, pese a que solo el 15 % se estaba separando para su reutilización.

“Residuos peligrosos, como las lámparas de mercurio y las pilas, son reutilizados o encapsulados y dispuestos en celdas de seguridad para que empresas especializadas se encarguen de su disposición final. Además, como corresponde, se empezó a declarar por residuos peligrosos ante el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales”, asegura el ingeniero, quien trabajó como supervisor de servicios ambientales en el Terminal mientras desarrollaba la investigación, y contó con el apoyo de la organización.

En cuanto a los vertimientos, se encontraron niveles muy altos de grasas y aceites de los restaurantes que podrían taponar los ductos de desagüe o contaminar fuentes hídricas. Por ello se recomendó instalar más trampas de grasas y limpiarlas diariamente. Además se propuso construir una planta de tratamiento de aguas residuales para las instalaciones.

Crecimiento a gestionar

El Terminal de Transportes de Cali se inauguró en 1974 al norte de la ciudad, en una zona que se encontraba lejos del área poblada. Por esta razón, y debido a la falta de legislación ambiental existente en Colombia para la época, no se requirió la presentación de un Plan de Manejo Ambiental para su construcción.

Con la explosión demográfica que tuvo lugar en la ciudad desde la década de 1970, la cabecera municipal empezó a abarcar los alrededores del Terminal, por lo que la formulación de un sistema de gestión ambiental se empezó a hacer más necesaria para controlar los impactos.

Según información de la Subgerencia del Terminal, durante 2017 se vendieron más de 12,3 millones de tiquetes a usuarios. “Se trata del equipamiento de transportes más grande del suroccidente colombiano y el tercer terminal de buses más importante del país, detrás del de Bogotá y Medellín”, asegura el investigador.

La investigación fue dirigida por la profesora Luz Stella Cadavid, de la U.N. Sede Palmira. Se trabajó en el estudio de la composición de los vertimientos, además de mediciones de temperatura, gases y ruidos en diferentes puntos de las instalaciones y en diferentes horarios. Con ese fin, el Terminal contrató los servicios de una empresa de consultoría. Así mismo se realizó una matriz legal para comparar los resultados de las mediciones con las exigencias ambientales vigentes en Colombia.

“En el país no hay normatividad específica para el manejo de vertimientos en los terminales, porque estos lugares no suelen contemplarse como parte de un nicho económico diferenciado. Esto representa un vacío normativo y por ello tuvimos que utilizar otros sectores como referente, para el caso de los vertimientos”, explica el investigador.

Dentro de la hoja de ruta, agrega, se propusieron medidas como establecer un sistema de recolección de aguas lluvias y adquirir paneles solares para optimizar el uso de la energía: “con la formulación del sistema de gestión ambiental se busca avanzar hacia una certificación ambiental ISO 14001, de la mano con la implementación de buenas prácticas ambientales”, recalca el investigador.

Tomado de: Agencia de Noticias UN.

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