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Una joven de 24 años, raizal de la Isla de Providencia y egresada del programa de Ingeniería Ambiental, hace parte del primer grupo de jóvenes colombianos que interpusieron una tutela sobre el Cambio Climático y Generaciones Futuras en América Latina. 

Publicado en Sede
Viernes, 01 Noviembre 2019 19:27

Luz ultravioleta desinfectaría frutas y hortalizas

Por su capacidad de eliminar patógenos, tales como bacterias y hongos, y contribuir al cuidado del medioambiente, la luz ultravioleta sería una alternativa al uso del cloro, el desinfectante más empleado industrialmente para alimentos.

La certificación en alta calidad a este pregrado de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira fue otorgada mediante el Acuerdo de Acreditación 13 de 2018 y tendrá una vigencia de seis años, tiempo máximo establecido por Mercosur antes de que sea necesaria la renovación.

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Como resultado del mismo proceso, el programa también recibió –por Resolución 18814 de 2018– la renovación por ocho años de la “Acreditación de alta calidad” otorgada por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia, un reconocimiento alcanzado ininterrumpidamente desde 2007. 

“La acreditación internacional facilita el reconocimiento del título profesional de nuestros ingenieros ambientales en Suramérica. Estábamos preparando el proceso de acreditación nacional cuando nos llegó la invitación para presentarnos ante Mercosur. Viendo las fortalezas del programa, decidimos hacerlo”, explica el profesor Dorian Prato García, coordinador del pregrado en Ingeniería Ambiental de la U.N. Sede Palmira. 

La evaluación y la acreditación fueron adelantadas por una comisión del Sistema ARCU-SUR, resultado de un acuerdo entre los ministerios de Educación de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Chile para ofrecer garantía entre los países de Mercosur del nivel académico y científico de los programas. Por medio de la acreditación, los Estados reconocen mutuamente la calidad de los títulos y diplomas otorgados por las instituciones universitarias.  

La valoración se hizo según 68 indicadores, distribuidos en cuatro dimensiones principales: contexto institucional –referente a temas como el ambiente académico y las actividades de docencia y extensión–, proyecto académico, estudiantes e infraestructura. 

Dentro de las fortalezas del pregrado destacadas por la comisión están la coherencia de su misión y visión, el campus, los laboratorios, los mecanismos de participación, las políticas de investigación y extensión, y los sistemas de información. 

“En las evaluaciones se determinaba el grado de cumplimiento de cada uno de los criterios; nosotros cumplimos en todos”, destacó el profesor Prato. Dentro de las recomendaciones, la comisión sugirió seguir trabajando en el Plan de Mejoramiento del programa para mantener la calidad, incrementar la planta de profesores y seguir estrechando la relación con los egresados. 

En el Plan de Mejoramiento se contempla, entre otras acciones, un esfuerzo por financiar becas e integrar el programa con otros nacionales e internacional, de la mano con instituciones que permitan ampliar la movilidad estudiantil. Además se trabaja en ampliar la planta de profesores y mejorar los canales de comunicación con los estudiantes, comenta el docente. 

22 años de historia 

El programa de Ingeniería Ambiental se creó en 1997 y abrió clases en 1998; está apoyado especialmente por 44 grupos de investigación, 35 laboratorios en la U.N. Sede Palmira y 36 profesores, de los cuales el 75 % posee título de doctorado y el 8 % posdoctoral. 

Según el profesor Prato, en un departamento con la vocación agroindustrial del Valle del Cauca resulta determinante formar en prevención, control, mitigación y compensación de los impactos provocados por las actividades humanas en el ambiente. 

“Parte de nuestra misión es proveer las herramientas tecnológicas, científicas y humanísticas para manejar, recuperar y conservar los recursos naturales, algo crucial si tenemos en cuenta esta riqueza que brota en la región”, declara el docente. 

Desde el programa, dice, se imprime un gran esfuerzo por formar profesionales que trabajen por una sociedad más incluyente y consciente del valor de su patrimonio natural. 

El Comité de Acreditación estuvo conformado por los profesores Dorian Prato García, Ángela Inés Guzmán, Germán Rueda Saa, Fernando Montealegre y Carlos Mora, junto con el representante estudiantil Juan Londoño. Además contó con la colaboración de la profesora Eliana Castro, entonces decana de la Facultad de Ingeniería y Administración, del docente Óscar Chaparro, actual decano, y de los profesionales Wendy Moreno y Luis Miguel Salazar.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

Con las vísceras y agallas de pescado que hoy contaminan el mar y las playas del puerto de Tumaco, se podrían producir, a través de digestión anaerobia, cerca de 6.800 m3 de biogás al mes, que cubrirían el consumo doméstico de 108 familias.

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Alrededor de 7 millones de pesos se ahorrarían al mes las comunidades de pescadores de Tumaco, al no tener que comprar gas para sus cocinas, gracias al aprovechamiento de estos residuos. 

Con el biogás también se evitaría el uso de leña para cocinar en muchos hogares, y por ende se mitigarían la tala de manglares y las afecciones pulmonares que padecen las personas a causa del humo. 

Así lo estima la profesora Luz Stella Cadavid, coordinadora del grupo de investigación Prospectiva Ambiental, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien asegura que tal aprovechamiento representa una alternativa ambiental y económica para las familias de pescadores. 

“Trabajamos en un proyecto de investigación con una tecnología innovadora para los pescadores artesanales de Tumaco. Cerca del 45 % en peso de lo que se pesca allí es vertido al mar como residuo, muchas veces en las orillas, cerca de la población. Es un impacto que queremos mitigar al propiciar una posibilidad de reutilización”, asegura la docente. 

La ingeniera ambiental Viviana Castro López, investigadora de la U.N. Sede Palmira, afirma que los residuos de la pesca artesanal contienen una cantidad importante de material biodegradable, lo que aumenta la producción de biogás: “podríamos producir cerca de 40 megavatios de energía eléctrica al mes con ese biogás, que supliría la demanda de 230 hogares”. 

Así mismo, con estos residuos se podría producir una mayor cantidad de ácidos grasos volátiles (AGV), en comparación con otros materiales sobrantes de distintas actividades económicas. Los AGV son útiles en el tratamiento de aguas residuales y la producción de cosméticos, alimentos y bioplásticos, entre otros. 

Impacto ambiental 

Según explica la docente, las faenas de los pescadores pueden durar dos o tres días, por lo que también resulta común que viertan los residuos en altamar, para conservar mejor el pescado. De esta manera, la contaminación se concentra en determinados puntos del océano, superando la capacidad de depuración natural que tiene el ecosistema y generando desequilibrios. 

“Entre los pescadores existe la creencia equivocada de que las vísceras y agallas residuales atraen más pescados y representan un aporte ambiental. Sin embargo la concentración de materia orgánica puede suponer, además, un foco de enfermedades. En los pocos casos en los que estos residuos son separados, terminan en rellenos sanitarios sin que se aproveche su potencial”, explica la investigadora Castro. 

A escalar en comunidad 

Según un informe de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), el 95 % de la pesca artesanal en Colombia se concentra en la región del Pacífico, con Buenaventura y Tumaco como los principales puertos. Entre marzo y diciembre de 2017 llegaron a Tumaco 924 toneladas de pescado extraído artesanalmente, lo que representa el 9 % de todo el país. 

A partir de estas cifras y de los estudios adelantados con las muestras de vísceras y agallas, los investigadores calcularon el potencial para la producción de biogás y energía eléctrica. 

La investigadora Castro explica que “recogimos las muestras en las plazas de mercado de Tumaco, donde hay personas encargadas de retirar las vísceras, agallas y escamas de los peces. Llevamos ese material debidamente congelado hasta la U.N. Sede Palmira, y allí lo molimos y homogeneizamos”. 

En seguida se dispuso el sustrato resultante en reactores, en los que se adelantó el proceso de digestión anaerobia. “De una planta de tratamiento de aguas residuales cercana obtuvimos un compuesto de microorganismos que incluimos en los reactores para que degradaran los residuos, y logramos la producción del biogás”, explicó la ingeniera. 

Se trata de un proceso que las comunidades de Tumaco podrían replicar y mantener sin necesidad de equipos costosos o altos niveles de experticia, y que podría fortalecer la actividad productiva de los pescadores artesanales del Pacífico, mejorando su calidad de vida. 

El proyecto es financiado con recursos de la convocatoria Newton Fund 2016, por parte de Colciencias y British Council, y cuenta con la participación de las universidades de Southampton y Swansea, del Reino Unido.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.