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En comparación con el método granulado, que tiene un porcentaje bajo de eficiencia –entre 40 y 50 %– la técnica de fertirrigación aumenta hasta un 90 % la absorción de nutrientes por parte de la planta.

Con medidores de tensión y humedad, investigadores determinaron la cantidad de agua que requería un cultivo, con el fin de implementar algunas herramientas que ayuden a optimizar el uso este recurso.

Esta tecnología, que hasta ahora no se había implementado en el país, busca mejorar la productividad de los cultivos y combatir la incidencia de plagas y enfermedades.

En cultivos examinados en el Valle del Cauca se encontró que el complejo de patógenos que causan esta enfermedad –una de las que más afecta a las plantaciones– son cuatro especies de hongos del género Colletotrichum spp.

Un paquete tecnológico para optimizar la productividad de los cultivos de esta variedad –desarrollada principalmente para el mercado fresco– incluye herramientas, métodos y técnicas de manejo para la siembra, el cuidado y la cosecha.

Después de ser reconocido por el Organismo Nacional de Acreditación de Colombia (ONAC), el Laboratorio de Suelos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira proyecta ampliar su cobertura de servicios y le apuesta al fortalecimiento de una red nacional de laboratorios.

Publicado en Sede

Si el Estado garantiza las condiciones necesarias, esta actividad podría contribuir en procesos de erradicación voluntaria y protección de zonas de reserva.

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Según la Fundación Ideas para la Paz, a mediados de la década de los setenta Tailandia tenía 18.000 hectáreas de cultivos de amapola destinados a la producción de heroína. En 2002 la Organización de las Naciones Unidas declaró a ese país libre de estos cultivos, gracias a una política de desarrollo que antes de la erradicación forzosa abordó el acceso de la población a alternativas económicas como el turismo.

El doctor Héctor Santaella Quintero, de la Comisión de Expertos para la implementación de la Reforma Rural Integral, aseguró que Colombia podría aprender de esta experiencia, en un momento histórico en el que se registra el incremento de hectáreas dedicadas a los cultivos ilícitos.

“En el turismo de naturaleza las comunidades podrían encontrar grandes posibilidades de ingresos económicos y romper la dependencia a las organizaciones ilícitas”, sostuvo durante su intervención en el foro “El turismo de naturaleza como estrategia para el desarrollo socioeconómico y la consolidación de la paz”, organizado en Cali por la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira.

Después de la victoria del NO en el plebiscito se planteó que los programas para el desarrollo rural incluyeran actividades como la agroindustria y el turismo, como parte de las propuestas enviadas desde diferentes sectores para los acuerdos de La Habana.

Gobierno contradictorio

En esa línea, el doctor Santaella encuentra contradictorio que un gobierno vinculado a tales sectores promueva una política de erradicación forzosa, en vez de emprender con más fuerza tales programas para aportar alternativas económicas.

“El regreso al glifosato supondría la desestabilización económica de los campesinos, además de daños al medioambiente y la salud. Generaría conflictos entre el Estado y las comunidades, que pasarían a verlo como una amenaza. En esos escenarios los grupos ilegales ganan cierta legitimidad y apoyo ante las comunidades”, explica.

Agrega que un ejemplo de esta dinámica tiene lugar en Afganistán, donde la aspersión con glifosato ha generado cierto apoyo de la población hacia los talibanes en algunas zonas.

Sin embargo aclara que posicionar el turismo de naturaleza como apuesta para reducir los cultivos ilícitos hace necesario el acompañamiento estatal en seguridad, entre otros temas, según está contemplado en el punto cuatro de los acuerdos de La Habana, referente al problema de las drogas ilícitas.

Conservación y formalización

Según Herbert Olaya Cuesta, del Grupo de Gestión del Riesgo y Cambio Climático de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), con 191 áreas protegidas, el Valle es el departamento con mayor número de ellas; allí una de cada cuatro hectáreas forma parte de tales zonas, muchas de las cuales son reservas naturales que integran la oferta potencial en turismo de naturaleza.

Sin embargo, conflictos alrededor de la agricultura, los cultivos ilícitos, la minería y la construcción amenazan esa riqueza de recursos, y en muchas ocasiones los impactos están vinculados a comunidades que habitan las áreas de reserva.

Conservación ambiental

Para el profesor Enrique Alejandro Torres Prieto, de la U.N. Sede Palmira y líder del equipo organizador del foro, el turismo de naturaleza podría representar una amalgama de soluciones para esas comunidades y para la conservación ambiental: “las personas que viven dentro de nuestros parques naturales en vez de tumbar el bosque para establecer cultivos ilícitos, podrían ayudar a preservarlo como agentes turísticos, promotores o guías”, expresa.

En el evento también participaron Katherine Getial Sinisterra, jefe de los puntos de información turística de la Secretaría de Turismo de Cali; Claudia Buitrago, directora del Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente (DAGMA); Jaime Celis, de Parques Nacionales Naturales de Colombia, y Germán Morales, director de la Escuela de Turismo de la Universidad Autónoma de Occidente.

Un punto en el que coincidieron estos expertos es en entender el turismo de naturaleza más allá del simple aprovechamiento económico de los atractivos ambientales de un territorio.

Entre los componentes que se mencionaron dentro de esta actividad se encuentran la mejora de las condiciones de bienestar de las comunidades locales, la conservación de los recursos naturales, la educación que reciben los visitantes y operarios sobre los ecosistemas, y el desarrollo de una cadena de valor que garantice la satisfacción de los usuarios.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

El sistema proporciona predicciones puntuales para áreas de 100 m2 y determina cuáles son los principales factores que inciden en los deslizamientos de las fincas dedicadas al cultivo de café.

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“Se trata de una herramienta cuantitativa importante para la prevención ante pérdidas que pueden sufrir las personas, los animales, las fuentes hídricas, los cultivos y las vías”.

Así lo afirma Luis Fernando Salazar Gutiérrez, candidato a doctor en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien adaptó e integró un modelo probabilístico y otro de base física para determinar la susceptibilidad (qué tan probable es que se presente) y la amenaza (cuándo podría ocurrir) de deslizamientos en lugares específicos.  

Para la investigación se tomaron como referencia registros de lluvias entre 1999 y 2000, y datos hasta 2016 sobre deslizamientos, pendiente y tipo de suelo, entre otras variables correspondientes al área de influencia de la quebrada La Mica, en el municipio de Pácora (Caldas).

A partir de esta información se crearon los modelos de simulación probabilística y física que predijeron la incidencia de los deslizamientos, para lo cual también se realizaron muestreos de suelos en campo mediante el programa R y la técnica de teledetección óptica LIDAR.

Al comparar los resultados que mostraron los modelos frente a la realidad, se comprobó que el sistema alcanzó un nivel de acierto del 74 %, tanto para susceptibilidad como para amenaza en las diferentes áreas.

Obra del hombre

Según el investigador, las principales causas de los movimientos de tierra pequeños son las intervenciones humanas en obras como la construcción de carreteras y algunas prácticas de producción agropecuaria.

Los riesgos son mayores en las zonas montañosas que en otros lugares del país, debido al predominio de pendientes y a temporadas de lluvias intensas, que en épocas como las del Fenómeno de La Niña aumentan hasta en un 40 %. De hecho, entre 2015 y 2018 murieron 536 personas y 28.000 más resultaron damnificadas por deslizamientos en territorios productores de café.

Según los modelos, los nueve factores más relevantes frente a la susceptibilidad son: el tipo de suelo agrícola; el tipo de roca que se encuentra bajo el suelo; la geomorfología (si es valle, cima o fuerte pendiente, por ejemplo); la distancia con respecto a fuentes hídricas; la distancia a fallas geológicas; la proximidad a las carreteras; la curvatura del terreno; la dirección del flujo de agua; y la altura sobre el nivel del mar.

Sin embargo, en relación con deslizamientos pequeños (que impactan sobre una superficie menor a los 450 m2), la acción humana es el principal factor detonante. “La construcción de carreteras, el establecimiento de cultivos con una gran cantidad de suelo sin cobertura vegetal y sin la presencia de árboles; y la ganadería extensiva son algunas de las prácticas que aumentan la susceptibilidad”, asegura el doctorando Salazar.

Árboles y arvenses, protectores

Como medidas a tomar que se pueden extraer de los resultados del modelo se destacan: destinar exclusivamente para conservación aquellos predios en los se reporte mayor probabilidad de amenaza, o, en caso de que sus propietarios dependan para su sustento de la producción de esos terrenos, implementar prácticas agroforestales.

Un ejemplo de esto es el establecimiento de cultivos en convivencia con árboles de diferentes alturas o estratos, pues así los suelos están protegidos del viento y la lluvia, que causan la pérdida de propiedades y le restan firmeza a la tierra. “Los árboles tienen raíces profundas que contribuyen a fijar el suelo y regulan los ciclos hídricos para que no haya excesos de agua”, explica el experto.

Otra recomendación es no retirar las malezas (arvenses nobles) que no compiten por nutrientes con los cafetales ni les causan daño alguno, para que los suelos no queden “desnudos” ante procesos de degradación.

El doctorando afirma que “en estudios anteriores hechos en Colombia no se habían utilizado estos modelos para las zonas cafeteras ni se habían aterrizado para obtener un rango de probabilidades. En nuestro proceso, el propio modelo estadístico determinó el peso que tenía cada variable a la hora de calcular la susceptibilidad, cuando antes esta tarea estaba a cargo de un experto, de una manera más subjetiva”.

La investigación, que sirvió como tesis de doctorado del investigador Salazar, fue dirigida por el profesor Juan Carlos Menjivar Flores, de la U.N. Sede Palmira.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

Se trata de un aforador que permite controlar el gasto de agua en canales de riego, lo cual ofrece información valiosa para el uso eficiente y ahorro de este recurso.

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Julián Rodríguez Soto y Angie Melissa Paz Sepúlveda, ingenieros agrícolas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, explican que el dispositivo, que tendría un costo aproximado de 60.000 pesos, está elaborado a partir de un tubo PVC y un sensor de código abierto.

El ingeniero Rodríguez señala que las autoridades ambientales les exigen a los agricultores hacer seguimiento a la cantidad de agua que están gastando. “En muchos casos ellos no encuentran dispositivos con un precio a su alcance para cumplir con este requerimiento, por lo que acuden a métodos menos rigurosos. Nosotros buscamos proveer un aforador preciso, portable y de bajo costo”. 

El aforador, instrumento de medición del agua, se instala en canales de riego de cultivos. El líquido fluye a través de este y es entonces cuando el sensor puede medir la columna de agua –energía del flujo.

A partir de este dato, y siguiendo un modelo matemático desarrollado por el profesor Hernán Rojas, de la U.N. Sede Palmira, se puede determinar en litros por segundo el caudal que se está empleando.

El ingeniero Rodríguez destaca que “las mediciones del aforador elaborado no se ven afectadas por la acumulación en su interior de partículas sólidas que llegan a través del agua, lo que ocurre con mucha frecuencia en aforadores comerciales”.

Un control al gasto

En el Valle del Cauca el 80% de los cultivos son regados con métodos convencionales, en los que el agua sale de canales y tubos para fluir en los predios por la fuerza de la gravedad, bajando por una pendiente. En estos procesos hay más posibilidades de utilizar cantidades excesivas de agua en comparación con métodos como el de goteo, en el que un sistema de tuberías lleva el agua a la zona de influencia de las raíces, o el de la aspersión, en el que el líquido llega al cultivo en forma de “llovizna localizada”.

“La agricultura es el sector del mundo en el que se gasta mayor cantidad de agua. Por ello debemos saber con cuánto estamos regando nuestros cultivos y qué tanto estamos drenando, para hacer el seguimiento y no emplear más de lo que realmente se requiere”, asegura el investigador Rodríguez.

Gracias a dispositivos como el aforador los agricultores pueden llevar un registro del caudal con el que sus cultivos se desarrollan de manera óptima en temporadas secas y de lluvias, para contar con un valor de referencia. Así mismo los campesinos podrían comparar con sus vecinos la cantidad de agua que gasta cada uno y a partir de ello llegar a conclusiones sobre posibles excesos y a decisiones sobre regulaciones en los flujos.

Un modelo para cualquier canal

El modelo matemático del profesor Rojas expresa la relación entre la columna de agua y el caudal. Los ingenieros desarrollaron una serie de experimentos de laboratorio para aplicar ese modelo en dicho cálculo, bajo cuatro condiciones diferentes de canal de riego en cuanto a las medidas talud (ángulo que forman las paredes del canal) y las relaciones de contracción (proporción entre el ancho del canal y el diámetro del aforador).

Para verificar el buen funcionamiento del aforador y la precisión de los modelos matemáticos, los investigadores trabajaron en simulaciones con un canal especializado, provisto de un contador de agua y de paredes móviles para variar las dimensiones. “Extrajimos alrededor de 10.000 datos de mediciones que pasamos a tablas de Excel. En el proceso encontramos que los valores de caudal alcanzados con el aforador y las ecuaciones tenían un margen de error de solo el 3 % en comparación con los datos que arrojaba el contador de agua”, destaca la ingeniera Paz.

Según afirma, la investigación permitió comprobar que el modelo matemático puede ser aplicado en el cálculo de caudales de canales de diferentes medidas. A partir del modelo se pueden obtener las ecuaciones que correspondan a cada talud o a cada relación de contracción.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

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