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En comparación con el método granulado, que tiene un porcentaje bajo de eficiencia –entre 40 y 50 %– la técnica de fertirrigación aumenta hasta un 90 % la absorción de nutrientes por parte de la planta.

Con medidores de tensión y humedad, investigadores determinaron la cantidad de agua que requería un cultivo, con el fin de implementar algunas herramientas que ayuden a optimizar el uso este recurso.

Esta tecnología, que hasta ahora no se había implementado en el país, busca mejorar la productividad de los cultivos y combatir la incidencia de plagas y enfermedades.

En cultivos examinados en el Valle del Cauca se encontró que el complejo de patógenos que causan esta enfermedad –una de las que más afecta a las plantaciones– son cuatro especies de hongos del género Colletotrichum spp.

Un paquete tecnológico para optimizar la productividad de los cultivos de esta variedad –desarrollada principalmente para el mercado fresco– incluye herramientas, métodos y técnicas de manejo para la siembra, el cuidado y la cosecha.

Después de ser reconocido por el Organismo Nacional de Acreditación de Colombia (ONAC), el Laboratorio de Suelos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira proyecta ampliar su cobertura de servicios y le apuesta al fortalecimiento de una red nacional de laboratorios.

Publicado en Sede

Por cada tonelada de caña de azúcar orgánica producida en un área cultivada del centro del Valle del Cauca se requieren menos de 155 m3 de agua, una huella hídrica inferior comparada con la de cultivos que usan agentes químicos, en los que, según estudios de 2012 y 2015, se requieren entre 200 y 240 m3 de agua por tonelada.

De 160 iniciativas registradas, el 73 % presta servicios de senderismo interpretativo –en trayectos señalizados y con guía–, el 36 % de avistamiento de aves y el 27,5 % de agroturismo, que involucra el día a día de los agricultores y sus prácticas de producción.

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Esta base de datos de servicios de turismo de naturaleza prestados por las comunidades locales del Valle del Cauca fue construida por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quienes establecieron que en el ranking de municipios con mayor oferta se encuentran Cali, Buenaventura, El Cerrito, La Cumbre y Palmira.

“Pese a que cuentan con menos habitantes, las comunidades de El Cerrito se destacan por ofrecer el avistamiento de aves, el turismo de aventura y la pesca deportiva; por su parte, las de La Cumbre, por el turismo de hacienda y el senderismo”, asegura el profesor Enrique Alejandro Torres Prieto, de la U.N. Sede Palmira.

El docente es el investigador principal del proyecto “El turismo de naturaleza como estrategia para el desarrollo socioeconómico y la consolidación de la paz”, con el que también se busca empoderar a las comunidades en la conservación de los ecosistemas y promover en ellas un mayor arraigo hacia el territorio.

En esa línea, para definir hasta qué punto se puede llegar a trabajar en determinados lugares y cuáles deberían ser las áreas priorizadas por afectación del conflicto armado, se consultó la información del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).

De los 42 municipios del Valle del Cauca, cuatro están clasificados como “fuertemente afectados y con dinámicas del conflicto persistentes”, 34 aparecen como “levemente afectados y con dinámicas interrumpidas”, y tres como “levemente afectados y con dinámicas finalizadas”. El municipio restante no se abordó en la investigación porque no registra servicios de turismo de naturaleza en las fuentes consultadas.

“En zonas de los municipios de Florida, Tuluá, Cali y Buenaventura es donde se presentan dinámicas del conflicto más persistentes. Por ejemplo, la parte sur de Buenaventura es realmente hermosa, pero por situaciones de seguridad es poco asequible para trabajar en la promoción del turismo”, explica el profesor Torres.

La Gobernación del Valle del Cauca proyecta llegar a 2023 con un millón de visitas de turistas al año. El departamento es el invitado de honor en la edición número 38 de la Vitrina Turística de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (Anato) que se realiza en Bogotá desde el pasado 27 de febrero y que se prolongará hasta el próximo 7 de marzo.

Aprovechar la diversidad

Otro de los componentes del proyecto es evaluar el potencial de cada zona en razón de la diversidad de ecosistemas de la que dispone. Para ello, el equipo de trabajo cruzó mapas del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt con la ubicación geográfica de las comunidades que prestan servicios de turismo de naturaleza. Los dos puntos en los que más confluyen los ecosistemas y los emprendimientos están en la zona rural de Cali.

Para la investigación se consultó la base de datos del Sistema de Indicadores Turísticos (Situr) regional del Valle; de allí se estableció que de 2.611 personas o empresas dedicadas al turismo, 60 trabajan desde comunidades y alrededor de la naturaleza. A esta lista se sumaron otras 100 iniciativas encontradas a través de la exploración con palabras clave en motores de búsqueda de internet, consulta de blogs especializados en el tema, localización en Google Maps e indagación voz a voz.

Después de construir la base de datos cada emprendimiento se clasificó por la diversidad de ecosistemas de su área de influencia y por el tipo de servicio que presta. En esa línea, el turismo de naturaleza en Colombia se divide en tres categorías principales: ecoturismo, turismo rural y turismo de aventura.

Áreas por priorizar

La investigación también cuenta con el aporte de los profesores Francisco Valencia Duque y Leonardo Bermon Angarita, de la U.N. Sede Manizales, y Ángela Guzmán Alvis y Alejandra Arellano Guerrero, de la U.N. Sede Palmira. El proceso avanza ahora hacia la definición de cuatro áreas a priorizar según su potencial y sus necesidades puntuales, en las que se plantea acompañar a las comunidades en la formulación de sus proyectos.

“Con este proyecto queremos que el mayor margen de utilidades quede en las comunidades locales que ofrecen directamente el servicio y son quienes mejor pueden contribuir a conservar la naturaleza”, afirma el profesor Torres.

Agrega que se está trabajando en la elaboración de una página web y una aplicación para visibilizar la oferta de turismo de naturaleza en el departamento que les permita a los usuarios consultar actividades, ubicaciones, información, fotos, videos y comentarios, entre otras posibilidades.

Como parte del proyecto, el próximo 12 de marzo se llevará a cabo el foro “El turismo de naturaleza como estrategia para el desarrollo socioeconómico y la consolidación de la paz”, en el Auditorio Centro Cultural Comfandi de Cali, que contará con invitados del sector pertenecientes a instituciones públicas y académicas.

Las preinscripciones para el evento se pueden realizar en: bit.ly/ForoTurismoNaturaleza

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

El sistema proporciona predicciones puntuales para áreas de 100 m2 y determina cuáles son los principales factores que inciden en los deslizamientos de las fincas dedicadas al cultivo de café.

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“Se trata de una herramienta cuantitativa importante para la prevención ante pérdidas que pueden sufrir las personas, los animales, las fuentes hídricas, los cultivos y las vías”.

Así lo afirma Luis Fernando Salazar Gutiérrez, candidato a doctor en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien adaptó e integró un modelo probabilístico y otro de base física para determinar la susceptibilidad (qué tan probable es que se presente) y la amenaza (cuándo podría ocurrir) de deslizamientos en lugares específicos.  

Para la investigación se tomaron como referencia registros de lluvias entre 1999 y 2000, y datos hasta 2016 sobre deslizamientos, pendiente y tipo de suelo, entre otras variables correspondientes al área de influencia de la quebrada La Mica, en el municipio de Pácora (Caldas).

A partir de esta información se crearon los modelos de simulación probabilística y física que predijeron la incidencia de los deslizamientos, para lo cual también se realizaron muestreos de suelos en campo mediante el programa R y la técnica de teledetección óptica LIDAR.

Al comparar los resultados que mostraron los modelos frente a la realidad, se comprobó que el sistema alcanzó un nivel de acierto del 74 %, tanto para susceptibilidad como para amenaza en las diferentes áreas.

Obra del hombre

Según el investigador, las principales causas de los movimientos de tierra pequeños son las intervenciones humanas en obras como la construcción de carreteras y algunas prácticas de producción agropecuaria.

Los riesgos son mayores en las zonas montañosas que en otros lugares del país, debido al predominio de pendientes y a temporadas de lluvias intensas, que en épocas como las del Fenómeno de La Niña aumentan hasta en un 40 %. De hecho, entre 2015 y 2018 murieron 536 personas y 28.000 más resultaron damnificadas por deslizamientos en territorios productores de café.

Según los modelos, los nueve factores más relevantes frente a la susceptibilidad son: el tipo de suelo agrícola; el tipo de roca que se encuentra bajo el suelo; la geomorfología (si es valle, cima o fuerte pendiente, por ejemplo); la distancia con respecto a fuentes hídricas; la distancia a fallas geológicas; la proximidad a las carreteras; la curvatura del terreno; la dirección del flujo de agua; y la altura sobre el nivel del mar.

Sin embargo, en relación con deslizamientos pequeños (que impactan sobre una superficie menor a los 450 m2), la acción humana es el principal factor detonante. “La construcción de carreteras, el establecimiento de cultivos con una gran cantidad de suelo sin cobertura vegetal y sin la presencia de árboles; y la ganadería extensiva son algunas de las prácticas que aumentan la susceptibilidad”, asegura el doctorando Salazar.

Árboles y arvenses, protectores

Como medidas a tomar que se pueden extraer de los resultados del modelo se destacan: destinar exclusivamente para conservación aquellos predios en los se reporte mayor probabilidad de amenaza, o, en caso de que sus propietarios dependan para su sustento de la producción de esos terrenos, implementar prácticas agroforestales.

Un ejemplo de esto es el establecimiento de cultivos en convivencia con árboles de diferentes alturas o estratos, pues así los suelos están protegidos del viento y la lluvia, que causan la pérdida de propiedades y le restan firmeza a la tierra. “Los árboles tienen raíces profundas que contribuyen a fijar el suelo y regulan los ciclos hídricos para que no haya excesos de agua”, explica el experto.

Otra recomendación es no retirar las malezas (arvenses nobles) que no compiten por nutrientes con los cafetales ni les causan daño alguno, para que los suelos no queden “desnudos” ante procesos de degradación.

El doctorando afirma que “en estudios anteriores hechos en Colombia no se habían utilizado estos modelos para las zonas cafeteras ni se habían aterrizado para obtener un rango de probabilidades. En nuestro proceso, el propio modelo estadístico determinó el peso que tenía cada variable a la hora de calcular la susceptibilidad, cuando antes esta tarea estaba a cargo de un experto, de una manera más subjetiva”.

La investigación, que sirvió como tesis de doctorado del investigador Salazar, fue dirigida por el profesor Juan Carlos Menjivar Flores, de la U.N. Sede Palmira.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

Se trata de un aforador que permite controlar el gasto de agua en canales de riego, lo cual ofrece información valiosa para el uso eficiente y ahorro de este recurso.

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Julián Rodríguez Soto y Angie Melissa Paz Sepúlveda, ingenieros agrícolas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, explican que el dispositivo, que tendría un costo aproximado de 60.000 pesos, está elaborado a partir de un tubo PVC y un sensor de código abierto.

El ingeniero Rodríguez señala que las autoridades ambientales les exigen a los agricultores hacer seguimiento a la cantidad de agua que están gastando. “En muchos casos ellos no encuentran dispositivos con un precio a su alcance para cumplir con este requerimiento, por lo que acuden a métodos menos rigurosos. Nosotros buscamos proveer un aforador preciso, portable y de bajo costo”. 

El aforador, instrumento de medición del agua, se instala en canales de riego de cultivos. El líquido fluye a través de este y es entonces cuando el sensor puede medir la columna de agua –energía del flujo.

A partir de este dato, y siguiendo un modelo matemático desarrollado por el profesor Hernán Rojas, de la U.N. Sede Palmira, se puede determinar en litros por segundo el caudal que se está empleando.

El ingeniero Rodríguez destaca que “las mediciones del aforador elaborado no se ven afectadas por la acumulación en su interior de partículas sólidas que llegan a través del agua, lo que ocurre con mucha frecuencia en aforadores comerciales”.

Un control al gasto

En el Valle del Cauca el 80% de los cultivos son regados con métodos convencionales, en los que el agua sale de canales y tubos para fluir en los predios por la fuerza de la gravedad, bajando por una pendiente. En estos procesos hay más posibilidades de utilizar cantidades excesivas de agua en comparación con métodos como el de goteo, en el que un sistema de tuberías lleva el agua a la zona de influencia de las raíces, o el de la aspersión, en el que el líquido llega al cultivo en forma de “llovizna localizada”.

“La agricultura es el sector del mundo en el que se gasta mayor cantidad de agua. Por ello debemos saber con cuánto estamos regando nuestros cultivos y qué tanto estamos drenando, para hacer el seguimiento y no emplear más de lo que realmente se requiere”, asegura el investigador Rodríguez.

Gracias a dispositivos como el aforador los agricultores pueden llevar un registro del caudal con el que sus cultivos se desarrollan de manera óptima en temporadas secas y de lluvias, para contar con un valor de referencia. Así mismo los campesinos podrían comparar con sus vecinos la cantidad de agua que gasta cada uno y a partir de ello llegar a conclusiones sobre posibles excesos y a decisiones sobre regulaciones en los flujos.

Un modelo para cualquier canal

El modelo matemático del profesor Rojas expresa la relación entre la columna de agua y el caudal. Los ingenieros desarrollaron una serie de experimentos de laboratorio para aplicar ese modelo en dicho cálculo, bajo cuatro condiciones diferentes de canal de riego en cuanto a las medidas talud (ángulo que forman las paredes del canal) y las relaciones de contracción (proporción entre el ancho del canal y el diámetro del aforador).

Para verificar el buen funcionamiento del aforador y la precisión de los modelos matemáticos, los investigadores trabajaron en simulaciones con un canal especializado, provisto de un contador de agua y de paredes móviles para variar las dimensiones. “Extrajimos alrededor de 10.000 datos de mediciones que pasamos a tablas de Excel. En el proceso encontramos que los valores de caudal alcanzados con el aforador y las ecuaciones tenían un margen de error de solo el 3 % en comparación con los datos que arrojaba el contador de agua”, destaca la ingeniera Paz.

Según afirma, la investigación permitió comprobar que el modelo matemático puede ser aplicado en el cálculo de caudales de canales de diferentes medidas. A partir del modelo se pueden obtener las ecuaciones que correspondan a cada talud o a cada relación de contracción.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

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