Escudo de la República de Colombia

Por su capacidad de eliminar patógenos, tales como bacterias y hongos, y contribuir al cuidado del medioambiente, la luz ultravioleta sería una alternativa al uso del cloro, el desinfectante más empleado industrialmente para alimentos.

Aceites farmacológicos, deshidratados de frutas para pasabocas, hojuelas de plátano con cúrcuma y otros 19 productos forman parte del catálogo con el que la Cooperativa Mutiactiva Agroindustrial Bioregión podría acceder a nuevos mercados, atrayendo compradores de centros económicos apartados.

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En ese camino, la innovación en procesos, productos y estrategias comerciales sería una alternativa para esta organización que agrupa 105 familias de zonas rurales de los municipios de Ginebra, Jumbo, Dagua y Guacarí, en el Valle del Cauca. 

Así lo concluye un estudio del grupo de investigación en Sociedad, Economía y Política Pública (SEEP), dirigido por el profesor Alberto Martínez, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, que considera el perfil productivo y agrícola de la zona. 

Como resultado de este análisis surge una propuesta de modelo de gestión que aborda desafíos de la ruralidad en Colombia como la falta de distribución de funciones en las asociaciones, el poco acceso al crédito y a la tierra, y el rezago de infraestructura para transportar los productos. 

“El modelo plantea mecanismos organizativos y administrativos que empoderen a comunidades rurales para obtener créditos, dialogar con el Gobierno y tener acceso a nuevas cadenas agroalimentarias”, asegura el profesor Martínez. 

Dicha iniciativa define la distribución de funciones entre los miembros de organizaciones campesinas alrededor de tres componentes: dirección, que contempla cargos como los de presidente, fiscal y tesorero; control y vigilancia, que incluye veedurías ejercidas por miembros de la propia comunidad; y operación, que supone tomar las decisiones en asambleas. 

En esa línea, los investigadores proponen un esquema de organigrama, misión, visión y objetivos para organizaciones campesinas, construida a partir de la experiencia con la cooperativa. 

La misión contempla prácticas de agricultura orgánica –sin uso de productos químicos–, trabajo solidario y un énfasis en la garantía de seguridad alimentaria. La visión comprende metas a 2025 en la oferta de más productos, la vinculación de más asociados y el aporte al progreso y la sostenibilidad de Colombia. 

Los objetivos giran alrededor de las perspectivas de aprendizaje, procesos internos, clientes y orden financiero. “Por medio de la cooperativa se podría crear un fondo para capacitar a los asociados en la siembra de nuevos cultivos y realizar programas de crédito, salud y recreación”, explica Catherine Mancilla Gutiérrez, estudiante de Administración de Empresas, quien forma parte del equipo. 

Como parte del proceso, el equipo de la U.N. Sede Palmira aportó a la cooperativa una lista de siete posibles fuentes de recursos –reembolsables y no reembolsables– como el Banco Agrario y la ONG alemana “Pan para el mundo”. 

“La idea es que las comunidades apliquen a convocatorias enmarcadas dentro de políticas públicas. Por ejemplo en la cooperativa hay personas víctimas del conflicto, muchas de ellas mujeres, quienes podrían ser destinatarias de recursos de políticas de posacuerdo y género”, ilustra el profesor Martínez. 

Aunque el modelo se propuso para esta cooperativa, los investigadores plantean la posibilidad de que sirva como referente para otras organizaciones rurales del país. 

Conociendo las asociaciones 

Desde 2013 la U.N. Sede Palmira, la Universidad del Valle y la Cooperativa vienen trabajando –con la financiación del Sistema General de Regalías– en un proyecto de desarrollo agroindustrial. El grupo de investigación SEEP se vinculó al proceso, en primera instancia, con del diagnóstico de asuntos organizativos, administrativos y sociales. 

Para eso se realizaron encuestas en la comunidad y entrevistas semiestructuradas a líderes de tres de las asociaciones que integran la cooperativa, en las que se indaga sobre la composición de las familias, sus ingresos, sus cultivos y la extensión de sus tierras. 

En la asociación Porvenir, en Ginebra, cada familia propietaria de tierra tiene en promedio 2,5 hectáreas para cultivar, mientras que las familias de Asoagroecol, de Dagua, y Asoguacas, de Guacarí, no superan el metro cuadrado. A partir tanto de esta información como de revisión documental, salidas de campo y reuniones con líderes comunitarios se empezó a formular el modelo de gestión. 

“Adaptamos el modelo de Kaplan y Norton, usualmente aplicado a entidades con ánimo de lucro, por la facilidad de implementarlo y porque aporta herramientas para medir el cumplimiento de los objetivos”, explica Jessica Rojas Ramírez, estudiante de Administración de Empresas de la U.N. Sede Palmira. 

Para proponer la lista de productos que mitigarían las desventajas de las distancias y la falta de vías, se consultó con seis expertos que habían acompañado el proyecto. 

“A las comunidades de Dagua y Guacarí les queda muy lejos la planta de transformación de Ginebra, por eso, y para mitigar las desventajas por la falta de infraestructura vial, los expertos propusieron establecer plantas de producción en estos dos municipios”, relata la estudiante Rojas.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN

Durante un estudio, este forraje alcanzó mejores indicadores de producción, materia seca y proteína que los materiales usualmente empleados en el municipio, cuyos suelos ácidos y poco fértiles elevan los gastos de alimentación de los bovinos.

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Mientras las introducciones de botón de oro alcanzan valores que rondan el 17 % del índice de proteína, uno de los clones evaluados durante la investigación presentó un 20,5 %. Así lo asegura Paulo Andrés Castro León, estudiante de la Maestría en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira.

Este clon (planta genéticamente idéntica a otra), obtenido en Ansermanuevo (Valle del Cauca), forma parte del grupo de 44 procedencias colectadas en la Región Andina por el profesor Sanín Ortiz Grisales, de la U.N. Sede Palmira, entre 2012 y 2014. El material se evaluó junto con otras cuatro introducciones de botón de oro.

El zootecnista Castro señala que “se destacó sobre los otros por presentar las mejores características nutricionales y productivas, de ramas por sitio y biomasa forrajera (peso del forraje); así mismo tuvo una producción máxima de 0,6 kilos por m2 cada 60 días, lo que resulta un buen indicador en el contexto de la región”.

Así mismo, el clon presentó bajos valores de fibra detergente ácida, lo cual favorece su digestibilidad. Por estas razones, el material representa una alternativa para las condiciones agroclimáticas del municipio, ya que resiste las condiciones de acidez y poca fertilidad del suelo y soporta cortes frecuentes propios de la actividad ganadera.

“La alimentación de la ganadería en el norte del Cauca está basada en pasturas de bajo contenido de proteína digestible y alta tasa de fibra, lo que lleva al uso de alimentos concentrados para suplir los bajos niveles nutricionales. Para reducir los costos, la ganadería de carne y leche se debe sostener en el uso de forrajes de especies de alta producción y eficiencia”, afirma el estudiante.

Selección ponderada

El botón de oro es un arbusto de la familia Compositae que crece en condiciones climáticas variadas, desde el nivel del mar hasta los 2.700 metros de altitud. Antes de esta investigación, la doctora Vilma Holguín evaluó las características agronómicas y nutricionales de las 44 introducciones de la colección de botón de oro y seleccionó las cinco mejores.

A partir de ahí se avanzó al cultivo experimental de las introducciones elegidas. En total se establecieron cinco bloques, cada uno con las cinco introducciones dispuestas en un orden aleatorio: “realizamos estas repeticiones para que las condiciones específicas del suelo no afectaran los resultados”, explica el investigador.   

A los 60 días después de establecer las estacas –fragmento de tallo de un árbol que se introduce en el suelo para el cultivo– se realizó un primer corte para hacer uniformes las dimensiones. Dos meses después se hizo la primera evaluación de la biomasa forrajera, el número de ramas, las características nutricionales y la relación entre el peso de las hojas y del tallo.

“Para determinar cuál era el mejor clon aplicamos el índice de selección ponderada, una fórmula matemática que otorga un peso a cada criterio en la evaluación, según su nivel de importancia. Así, se tuvieron en cuenta los valores de materia seca, cenizas (minerales), extracto etéreo (grasas), proteína y fibra”, detalla el investigador.

En ese orden, los dos mejores clones fueron el originario de Ansermanuevo y el de Finlandia, municipio de Quindío.

Acondicionado poscosecha

Después de identificar la mejor introducción de Tithonia diversifolia en cuanto a la respuesta productiva y nutricional, se procedió a evaluar dos métodos de secado; con el primero, natural y realizado con un secador construido con plástico, el proceso tomó ocho horas, y con el segundo, en el que se emplea un silo a gas propano, se logró secar el forraje en ocho horas.

“Secar el forraje es fundamental para elaborar harina integral y así lograr una estabilidad química y microbiológica que permita preservar las propiedades nutricionales. De esta manera se optimiza la calidad del forraje frente a los procesos de transporte, almacenamiento, distribución y consumo”, asegura.

Según la Alcaldía de Santander de Quilichao, en 2017 se sacrificaron 6.380 reses en el Frigorífico Quilichao E.I.C.E, para un promedio mensual de 530, pese a que el nivel de equilibrio económico para el funcionamiento de esta planta se encuentra en 1.200 reses al mes.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

El sistema proporciona predicciones puntuales para áreas de 100 m2 y determina cuáles son los principales factores que inciden en los deslizamientos de las fincas dedicadas al cultivo de café.

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“Se trata de una herramienta cuantitativa importante para la prevención ante pérdidas que pueden sufrir las personas, los animales, las fuentes hídricas, los cultivos y las vías”.

Así lo afirma Luis Fernando Salazar Gutiérrez, candidato a doctor en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien adaptó e integró un modelo probabilístico y otro de base física para determinar la susceptibilidad (qué tan probable es que se presente) y la amenaza (cuándo podría ocurrir) de deslizamientos en lugares específicos.  

Para la investigación se tomaron como referencia registros de lluvias entre 1999 y 2000, y datos hasta 2016 sobre deslizamientos, pendiente y tipo de suelo, entre otras variables correspondientes al área de influencia de la quebrada La Mica, en el municipio de Pácora (Caldas).

A partir de esta información se crearon los modelos de simulación probabilística y física que predijeron la incidencia de los deslizamientos, para lo cual también se realizaron muestreos de suelos en campo mediante el programa R y la técnica de teledetección óptica LIDAR.

Al comparar los resultados que mostraron los modelos frente a la realidad, se comprobó que el sistema alcanzó un nivel de acierto del 74 %, tanto para susceptibilidad como para amenaza en las diferentes áreas.

Obra del hombre

Según el investigador, las principales causas de los movimientos de tierra pequeños son las intervenciones humanas en obras como la construcción de carreteras y algunas prácticas de producción agropecuaria.

Los riesgos son mayores en las zonas montañosas que en otros lugares del país, debido al predominio de pendientes y a temporadas de lluvias intensas, que en épocas como las del Fenómeno de La Niña aumentan hasta en un 40 %. De hecho, entre 2015 y 2018 murieron 536 personas y 28.000 más resultaron damnificadas por deslizamientos en territorios productores de café.

Según los modelos, los nueve factores más relevantes frente a la susceptibilidad son: el tipo de suelo agrícola; el tipo de roca que se encuentra bajo el suelo; la geomorfología (si es valle, cima o fuerte pendiente, por ejemplo); la distancia con respecto a fuentes hídricas; la distancia a fallas geológicas; la proximidad a las carreteras; la curvatura del terreno; la dirección del flujo de agua; y la altura sobre el nivel del mar.

Sin embargo, en relación con deslizamientos pequeños (que impactan sobre una superficie menor a los 450 m2), la acción humana es el principal factor detonante. “La construcción de carreteras, el establecimiento de cultivos con una gran cantidad de suelo sin cobertura vegetal y sin la presencia de árboles; y la ganadería extensiva son algunas de las prácticas que aumentan la susceptibilidad”, asegura el doctorando Salazar.

Árboles y arvenses, protectores

Como medidas a tomar que se pueden extraer de los resultados del modelo se destacan: destinar exclusivamente para conservación aquellos predios en los se reporte mayor probabilidad de amenaza, o, en caso de que sus propietarios dependan para su sustento de la producción de esos terrenos, implementar prácticas agroforestales.

Un ejemplo de esto es el establecimiento de cultivos en convivencia con árboles de diferentes alturas o estratos, pues así los suelos están protegidos del viento y la lluvia, que causan la pérdida de propiedades y le restan firmeza a la tierra. “Los árboles tienen raíces profundas que contribuyen a fijar el suelo y regulan los ciclos hídricos para que no haya excesos de agua”, explica el experto.

Otra recomendación es no retirar las malezas (arvenses nobles) que no compiten por nutrientes con los cafetales ni les causan daño alguno, para que los suelos no queden “desnudos” ante procesos de degradación.

El doctorando afirma que “en estudios anteriores hechos en Colombia no se habían utilizado estos modelos para las zonas cafeteras ni se habían aterrizado para obtener un rango de probabilidades. En nuestro proceso, el propio modelo estadístico determinó el peso que tenía cada variable a la hora de calcular la susceptibilidad, cuando antes esta tarea estaba a cargo de un experto, de una manera más subjetiva”.

La investigación, que sirvió como tesis de doctorado del investigador Salazar, fue dirigida por el profesor Juan Carlos Menjivar Flores, de la U.N. Sede Palmira.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

Viernes, 29 Marzo 2019 03:07

Buenaventura, quedado en gobierno digital

Mientras que el Índice de Gobierno Digital de los 10 principales municipios del departamento del Valle se encuentra en un promedio de 69 puntos sobre 100, la calificación de la ciudad portuaria es de 62.

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En “gestión de la seguridad y la privacidad de la información de los usuarios en línea” obtuvo una calificación de 52 puntos, lejos de los 64 alcanzados por el promedio departamental. 

“Buenaventura no cuenta con ninguno de los sellos de excelencia que premian el uso de las tecnologías de la información (TI) para prestar trámites y servicios ciudadanos, para la rendición de cuentas y la apertura de datos de la administración pública ni para la gestión de la infraestructura tecnológica, con el agravante de que este Distrito Especial es relevante económicamente”. 

Así lo advierte el investigador Gilber Corrales Rubiano, magíster en Administración de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, quien estudió la evolución del concepto de gobierno en línea en el país, la implementación de las políticas en torno al tema en el Valle del Cauca y los principales obstáculos para concretarlo. 

Según explica, lejos de limitarse a los resultados de la última evaluación realizada por el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTic), este rezago se hace evidente a lo largo de todo el periodo abordado por la investigación, entre 2008 y 2017. 

En contraste, Tuluá, Buga y Cali se han destacado por sus propios portales de datos abiertos, herramientas que permiten informarles a los ciudadanos sobre la destinación y ejecución de los recursos, lo que favorece la transparencia del gobierno local. 

Lo que falta 

Para el análisis de los resultados del Índice se tomó una muestra a 10 municipios del departamento que representaran las siete categorías de entidades territoriales. 

Finalmente se contactó a los encargados de las TI en algunos de estos municipios para recoger más información por medio de entrevistas, proceso en el que se identificaron grandes limitantes para implementar el gobierno digital, como la falta tanto de presupuesto como de recursos humanos y técnicos en los territorios. 

“Así mismo, se puso de manifiesto una falta de rigurosidad y control en la gestión de la información física y digital, factor que podría tener implicaciones en la privacidad de los datos de los usuarios, como se evidencia recientemente en el bajo reporte de las entidades públicas al Registro Nacional de Bases de Datos (RNBD)”, asegura el magíster. 

En el caso particular de Buenaventura, durante la investigación no hubo respuesta de los encargados de las tecnologías a la hora de concertar la entrevista. 

Tras un modelo diferencial 

Teniendo en cuenta los diferentes decretos expedidos alrededor de la estrategia de gobierno en línea, el investigador concluye que la apuesta por utilizar las TIC para construir un Estado más eficiente, transparente y participativo, se ha mantenido desde el mandato presidencial de Andrés Pastrana (1998-2002). 

Sin embargo la concepción y la evaluación del gobierno digital ha venido incorporando y modificando diferentes criterios, dentro de los que se encuentran la disponibilidad de la información, la interacción con usuarios en portales digitales, los trámites que se pueden realizar en línea, los mecanismos de participación por medios digitales, los servicios, la gestión interna y la seguridad de la información. 

Candelaria, el más adelantado 

En esa línea, Candelaria es el municipio del Valle del Cauca más destacado en el Índice para el periodo de estudio, muy por encima del promedio departamental y superando incluso a Cali. 

No obstante, el magíster defiende que esta evaluación se debe hacer de manera más diferencial para cada municipio, porque la cantidad de información que manejan y sus contextos no son iguales: “en algunos territorios existen limitaciones de recursos y conectividad que dificultan la implementación de un gobierno digital. El modelo no debería ser el mismo para todos, como lo ha señalado la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)”. 

Por otro lado, considera que el Índice de Gobierno Digital debería incorporar otras fuentes de información además de los informes reportados por cada municipio. Un ejemplo de tales fuentes alternativas está en los sellos de excelencia otorgados por el MinTic y los datos abiertos publicados en diferentes portales. 

“De lo contrario, la evaluación del Índice dependería exclusivamente de la labor del funcionario encargado del reporte. Es por eso que hace falta automatizar algunos procesos para aproximarlos a la realidad. Por ejemplo, pese a que Tuluá es líder en reporte de datos, su calificación no lo evidenció en 2015 ni 2016”, explica.

Tomada de Agencia de Noticias UN.

Se trata de un aforador que permite controlar el gasto de agua en canales de riego, lo cual ofrece información valiosa para el uso eficiente y ahorro de este recurso.

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Julián Rodríguez Soto y Angie Melissa Paz Sepúlveda, ingenieros agrícolas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, explican que el dispositivo, que tendría un costo aproximado de 60.000 pesos, está elaborado a partir de un tubo PVC y un sensor de código abierto.

El ingeniero Rodríguez señala que las autoridades ambientales les exigen a los agricultores hacer seguimiento a la cantidad de agua que están gastando. “En muchos casos ellos no encuentran dispositivos con un precio a su alcance para cumplir con este requerimiento, por lo que acuden a métodos menos rigurosos. Nosotros buscamos proveer un aforador preciso, portable y de bajo costo”. 

El aforador, instrumento de medición del agua, se instala en canales de riego de cultivos. El líquido fluye a través de este y es entonces cuando el sensor puede medir la columna de agua –energía del flujo.

A partir de este dato, y siguiendo un modelo matemático desarrollado por el profesor Hernán Rojas, de la U.N. Sede Palmira, se puede determinar en litros por segundo el caudal que se está empleando.

El ingeniero Rodríguez destaca que “las mediciones del aforador elaborado no se ven afectadas por la acumulación en su interior de partículas sólidas que llegan a través del agua, lo que ocurre con mucha frecuencia en aforadores comerciales”.

Un control al gasto

En el Valle del Cauca el 80% de los cultivos son regados con métodos convencionales, en los que el agua sale de canales y tubos para fluir en los predios por la fuerza de la gravedad, bajando por una pendiente. En estos procesos hay más posibilidades de utilizar cantidades excesivas de agua en comparación con métodos como el de goteo, en el que un sistema de tuberías lleva el agua a la zona de influencia de las raíces, o el de la aspersión, en el que el líquido llega al cultivo en forma de “llovizna localizada”.

“La agricultura es el sector del mundo en el que se gasta mayor cantidad de agua. Por ello debemos saber con cuánto estamos regando nuestros cultivos y qué tanto estamos drenando, para hacer el seguimiento y no emplear más de lo que realmente se requiere”, asegura el investigador Rodríguez.

Gracias a dispositivos como el aforador los agricultores pueden llevar un registro del caudal con el que sus cultivos se desarrollan de manera óptima en temporadas secas y de lluvias, para contar con un valor de referencia. Así mismo los campesinos podrían comparar con sus vecinos la cantidad de agua que gasta cada uno y a partir de ello llegar a conclusiones sobre posibles excesos y a decisiones sobre regulaciones en los flujos.

Un modelo para cualquier canal

El modelo matemático del profesor Rojas expresa la relación entre la columna de agua y el caudal. Los ingenieros desarrollaron una serie de experimentos de laboratorio para aplicar ese modelo en dicho cálculo, bajo cuatro condiciones diferentes de canal de riego en cuanto a las medidas talud (ángulo que forman las paredes del canal) y las relaciones de contracción (proporción entre el ancho del canal y el diámetro del aforador).

Para verificar el buen funcionamiento del aforador y la precisión de los modelos matemáticos, los investigadores trabajaron en simulaciones con un canal especializado, provisto de un contador de agua y de paredes móviles para variar las dimensiones. “Extrajimos alrededor de 10.000 datos de mediciones que pasamos a tablas de Excel. En el proceso encontramos que los valores de caudal alcanzados con el aforador y las ecuaciones tenían un margen de error de solo el 3 % en comparación con los datos que arrojaba el contador de agua”, destaca la ingeniera Paz.

Según afirma, la investigación permitió comprobar que el modelo matemático puede ser aplicado en el cálculo de caudales de canales de diferentes medidas. A partir del modelo se pueden obtener las ecuaciones que correspondan a cada talud o a cada relación de contracción.

Noticia tomada de Agencia de Noticias UN.

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