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Pese a que aportan a la seguridad alimentaria, algunas especies de plátanos –como el cuatro filos, felipita, cachaco y guayabo–, al igual que la papayuela, el marañón, el maíz limeño y el rojo ojo de gallo, además de las variedades de frijol nima, sangre de toro y caraota, se han identificado como olvidadas por los cultivadores.

Estas especies, que en algún momento fueron más importantes y tuvieron un mejor lugar en la economía, han ido perdiendo su relevancia y progresivamente se han olvidado y desaparecido de los mercados por motivos económicos, culturales o sociales.

No obstante, algunas comunidades les siguen dando valor cultural y patrimonial, pues ellas contribuyen al desarrollo local por su potencial alimenticio, medicinal y nutracéutico, además de formar parte de la agrobiodiversidad del departamento.

Algunas variedades de plátanos, entre las que figura el guayabo –muy útil para preparar los típicos aborrajados del Valle–, y de bananos como el bocadillo y el primitivo, se han reconocido como importantes para la seguridad alimentaria.

La investigación desarrollada por Martha Cecilia Salazar Marín, zootecnista y estudiante de la Maestría en Ciencias Biológicas con línea de investigación en Recursos Fitogenéticos Neotropicales de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira, registra además la importancia que las comunidades les dan a estas especies, es decir cuáles son consideradas prioritarias y potencialmente significativas para los agricultores.

El estudio se realizó con las comunidades campesinas de tres asociaciones del Mercado Agroecológico Campesino del Centro del Valle del Cauca (Tuluá); la comunidad Wounaan Nonam del resguardo indígena de Puerto Pizario, ubicado entre los municipios de Buenaventura, en el Valle y el litoral del San Juan en el Chocó; y propietarios de fincas tradicionales de la comunidad negra de la vereda La Isla del corregimiento de Robles, en el municipio de Jamundí.

El estudio resaltó que, además de su uso alimenticio, algunas especies de papayuela (Vasconcellea) tienen uso potencial medicinal, pues sus semillas se utilizan para el control de parásitos, las hojas se usan como desinflamatorio en hembras bovinas, y en la agroindustria se usa para fabricar champús.

Asimismo se destacan las propiedades farmacológicas de las hojas, frutos, semillas y látex, como analgésico, antibiótico, cardiotónico, digestivo, hipotensivo, laxativo, expectorante, vermífugo y estomáquico.

Por otra parte, el marañón, que tiene grandes beneficios para la salud, no presenta mayores áreas cultivadas.

Las comunidades resaltan la importancia de ciertas razas de maíz como el limeño, capio, rojo ojo de gallo, huevito y negrito para la seguridad alimentaria y para recuperar y conservar las semillas tradicionales. De igual manera se están recuperando diferentes tipos de frijol que a nivel local habían desaparecido, entre los que se encuentran el cacha, nima, radical, sangre de toro y caraota.

También se cultivan muy poco algunas raíces y tubérculos tradicionales como la rascadera, conocida como papachina o mafafa, y el sagú, utilizado para obtener fécula para coladas para niños y personas convalecientes.

En la lista de cultivos olvidados también figuran el yacón, la arracacha siete colinos, la yuca blanca o marranera y el ñame, por reducción de áreas de cultivo, baja demanda comercial y preferencia de cultivos transitorios, debido a sus ciclos cortos y dinámica monetaria rápida.

Según la investigadora, “muchos cultivos se están reemplazando por otros más comerciales, por lo que se ha ido perdiendo la diversidad y se está reduciendo el número de individuos por especie; es preocupante esta pérdida o erosión genética local”.

Especies identificadas

A la lista de especies relegadas o marginadas se suman el árbol de pan, zapote, guamo, caimo y corozo –que han disminuido su presencia en los sistemas agrícolas del departamento–, además de la granadilla hueso, la manga poma o blanca, la pera de malaca o pomarrosa, el cerezo y el limón variedades rugoso y mandarina.

Las naranjas lima, agria y común; la mandarina común y la toronja están siendo reemplazadas por variedades más comerciales.

Otras especies poco visibles en los mercados por no generar productos de consumo masivo son la uchuva morada y amarilla, la victoria, la sidra, el mamey, el mamoncillo y la grosella.

También está en decadencia el totumo, que se ha reemplazado por vasijas de plástico y la jagua, árbol sagrado para los indígenas Wounaan Nonam del cual extraen un colorante con el que se pintan la piel para rituales, les sirve como forraje y para hacer jugos y yogur.

En la comunidad negra de Robles se resalta la conservación y uso del pipilongo, muy ligado a su cultura, y al que se le conocen cuatro usos: condimentario, saborizante de licores, medicinal e insecticida.

La investigadora se muestra preocupada porque en algunas fincas se tiene un solo ejemplar de las diferentes especies, lo cual puede ser un factor de riesgo de desaparición local.

La investigación es dirigida por Creucí María Caetano, docente de la U.N. Sede Palmira, y cuenta con el apoyo del ingeniero Luis Fernando Pitto.

Tomado de Agencia de Noticias UN.