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Escudo de la República de Colombia

Los pastos marinos del Archipiélago perderían capacidad para capturar dióxido de carbono (CO2) si, entre otras intervenciones, se intensifican actividades turísticas o se hacen dragados en sus áreas de influencia.

Así lo identificaron los estudios del grupo de investigación “Modelación de Ecosistemas Costeros”, que vincula a cuatro sedes de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.): Medellín, Caribe, Bogotá y Palmira.

La investigación determinó que las áreas por fuera de la protección de la barrera de coral y más próximas a las actividades humanas presentaron menor captura de CO2 (gas de efecto invernadero).

Para llegar a esta conclusión, durante un año se tomaron muestras de cuadrantes de 0,25 m2, en cuatro sitios y tres tipos de profundidades dentro de la bahía de San Andrés: Rocky Cay, Sprat Bight Beach, Old Point Mangrove y el Muelle Departamental.

Los pastos marinos conforman el único grupo que representa a las angiospermas marinas que ha evolucionado de tierra firme al mar; son llamados así por su semejanza morfológica con estos y por su apariencia de campos de césped cuando se desarrollan extensivamente.

Según Luis Alberto Guerra Vargas, líder de la investigación, la menor capacidad de las praderas se evidenció en Rocky Cay, al sur de la Isla, y en Sprat Bight Beach, al norte. Entre tanto, en Old Point Mangrove y el Muelle Departamental –ubicados entre la Isla y la barrera de coral– se identificó un mejor rendimiento.

“En temporada de lluvias encontramos un promedio de 2.132 kilogramos de carbono orgánico capturado por hectárea en el cuerpo de pastos marinos de San Andrés. En temporada seca la cifra llegó a los 2.625 kilogramos”, aseguró el investigador Guerra, resaltando que estas cantidades pueden ser hasta siete veces mayores si se suma el carbono que las plantas mantienen enterrado bajo la arena.

Entre menos pastos más carbono

El CO2 retiene calor aumentando la temperatura del agua en los océanos con consecuencias como el blanqueamiento de los corales. Además este elemento modifica la composición química del agua porque incrementa los niveles de acidez, lo que provoca la muerte de corales y peces.

Ecosistemas costeros y marinos como manglares, pastos y marismas capturan CO2 en sus sedimentos y se nutren de él para crecer. A medida que este es absorbido y enterrado, sus efectos van siendo “neutralizados”.

Según los datos de The Blue Carbon Initiative (coordinada por la Unesco, Conservación Internacional y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), cerca del 83 % del CO2 en el planeta circula a través de los océanos, y cerca del 50 % sedimentado en el mar se encuentra en manglares, marismas y pastos marinos.

Estos ecosistemas cubren cerca de 49 millones de hectáreas y cada vez que son destruidos liberan el carbón acumulado por siglos. Como cada año se destruyen entre 340 mil y 908 mil hectáreas en el mundo, desde estos lugares se emite más de un billón de toneladas de este material.

Por tal razón, investigaciones como la del grupo “Modelación de Ecosistemas Costeros” (categoría A1 para Colciencias) buscan generar conciencia en las autoridades nacionales y locales, además de las personas que realizan actividades productivas y turísticas cerca de las costas.

“La intención de la investigación es mostrar la manera en que San Andrés podría contribuir a la mitigación del cambio climático y a la preservación de especies marinas si se protegen estos ecosistemas estratégicos”, declara la estudiante Yurshell Rodríguez, de Ingeniería Ambiental de la U.N. Sede Palmira e integrante del equipo de investigación.

Regular actividades

Según advierten los autores del trabajo, las políticas de ordenamiento territorial en el Archipiélago deben tener en cuenta estos estudios para regular las actividades en cada área dependiendo de su importancia ambiental.

“Hacer dragados para aumentar el canal del muelle puede afectar la capacidad de los pastos, y además destruye una zona que puede servir de alimentación a especies como la tortuga verde”, sostiene.

Para Yurshell Rodríguez el turismo es otra actividad que, de intensificarse en forma descontrolada, atentaría contra la mitigación natural del cambio climático que hacen los pastos marinos.

“La contaminación, los vertimientos, el uso de lanchas y motos acuáticas, entre otras actividades, disminuyen y perturban los pastos marinos”, asegura.

Y agrega que el Archipiélago cuenta con cerca de 2.006 hectáreas de praderas marinas, que representa el 4,6 % del total nacional. Estas resultan estratégicas para conservar las playas de San Andrés, que cada día son visitadas por un promedio de 5.500 personas.

Tomado de Agencia de Noticias UN.